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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 18
    Mayo
    2016

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    Ciutat

    El encuentro con lo que necesitamos

    La ciudad es un encuentro con lo que necesitamos. Un joven saca las mesas al Born. Empiezan las reformas en una oficina bancaria. Han llegado los periódicos al quiosco. Es verdadera la sensación de que es posible descubrir el eje de lo que se mueve. El ciudadano respira con la convicción de que va a poder vivir en la ciudad que desea, aunque para ello tenga que disolverse entre los demás, que es el lugar en el que somos una buena parte de lo que somos. Un poco a trompicones, como si la edad nos atenazara. ¿Y si no hubiera tiempo de resarcirse de todo lo perdido? La experiencia se reviste de extrañas formas de conocimiento. El pasado escarba en el presente, y viceversa. Ya he llegado al bar, con el periódico aún caliente. Los que ya están ahí son mis compañeros de viaje. El Roto, en la segunda página. Un hombre en silla de ruedas escucha una noticia: "En 2025 no existirán los discapacitados". "¡Qué fatalidad, piensa el buen hombre, todo lo bueno siempre ocurre en el futuro! Y todo lo malo en el presente". El periódico sigue con sus amenazas capitalistas y el dolor de los que huyen de la guerra. Lo que llega del exterior no es sólo benévolo, por supuesto. Y también ocurre en Ciutat, si se contempla la cola de los Capuchinos. Nadie puede olvidar las historia de los otros, nadie. Aun así, me dejo llevar por la tibieza de este fulgor primaveral, que nos acaricia la piel para hacernos la vida más llevadera y un poco menos solemne. Permanece aún la verdad de los sentidos, una manera de enternecernos con lo que está ahí, al alcance de la mano, y que nos llama aún con nuestro nombre, insistentemente.

     

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