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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 31
    Octubre
    2015

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    Ciutat

    El Cementerio de Palma, por Carlos Garrido

    Como dice Carlos Garrido, el cementerio de Palma es un museo de emociones. De noche se tiene la sensación de que el mundo entero está fuera del cementerio, y que éste es un espacio cerrado que se sostiene a sí mismo porque en él se concentran los detalles de los que se han ido. El cielo estaba suavemente iluminado por la luna menguante. Se veían muchas estrellas, y algunas nubes solitarias que según cómo se las mirara parecían colocarse sobre las cruces. Los símbolos asociados a la muerte, que poco a poco se van desvaneciendo a lo largo del siglo veinte hasta acabar en esa especie de olvido en que ahora la tenemos sumida, a la muerte, siguen ahí: las calaveras, los ángeles, hasta el olvido de este siglo que empieza, en que a nadie se le ocurriría colocar sobre la tumba una referencia directa a la muerte. Quizás ese olvido la desmitifica pero también la deja de lado, como si no fuera posible referirnos a ella más que cuando nos toca de cerca. La espadaña es una antigualla. Los ángeles, y no digamos las calaveras, son una rémora, una señal de algo que nos remite a un pasado inexorable. Y sin embargo nos condicionan. Todo lo que vemos nos condiciona terriblemente, porque lo que hicieron nuestros antepasados está ahí, esperándonos siempre, a la vuelta de la esquina. En el cementerio lo que está más vivo es el ficus inmenso, cuyo tronco parece una gran ballena prehistórica, o un dinosaurio que algún día también se quedará quieto y formará parte de la pequeña historia de la memoria de la ciudad. Al caminar, la oscuridad estaba entretejida de una luz becqueriana que venía de la luna menguante, y cuando Mariona Forteza interpretó como despedida una canción basada en un poema de Christina Rossetti, me pareció que el cielo se había iluminado aún más para ayudarnos a salir y para que las nubes blancas pudieran volar humildes como mensajeras de una belleza sutil, sin dimensiones. La realidad de la noche verdadera, sin embargo, no estaba muy lejos: al cruzar la rotonda observé con escepticismo la imbecilidad de los que conducen a velocidades de vértigo sin motivo alguno y sin remedio. Seguí caminando hacia mi casa, y al llegar me serví una copa de vino tinto.

     

     

    Motivo: Visita guiada al Cementerio de Palma, por Carlos Garrido

     

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