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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 22
    Febrero
    2016

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    Ciutat

    El bar del hospital, tan necesario

    Desde mi mesa, el bar del hospital es un refugio. Formo parte durante un rato del coro de esas enfermeras reconocibles por su bata blanca, y de los médicos apenas entrevistos sin su uniforme igualador. Al fondo, la pantalla del televisor, que nadie mira, colocada muy lejos de todos, esa adocenada presencia que no se resuelve en nada concreto y que podría ser apagada sin pesar alguno, pero que se mantiene ahí como si no fuese posible imaginar un lugar de encuentro sin televisor. Una mujer con un paño anudado en la frente habla con una amiga, sentadas las dos con una taza de café con leche al lado de sus manos, un calor que ayuda a pasar el invierno. A mi lado, tres mujeres conversan acerca de los problemas de una de ellas. Cuando la más joven se marcha, una de las dos que se han quedado le dice a la otra que la joven que se ha ido es muy voluntariosa, y la otra le contesta que sí, que será muy voluntariosa pero que a su edad debería de saber lo que tiene que hacer con su vida. Siempre los hay que se creen en posesión de las recetas para enseñar a los demás cómo deberían comportarse para ser eficaces, o, aún más difícil: para ser felices. El ambiente del bar del hospital es el de un pequeño reducto en el que se agrupan muchas personas diferentes que sin embargo desearían la fraternidad de un mundo de iguales al gusto de casi todos. Las batas blancas, la mañana con su tedio de igualdad: el hospital nos iguala, como los antiguos cuarteles, o como las antiguas escuelas de los años cincuenta, en las que cada niño tenía que beber a la fuerza un vaso de leche en polvo. Antes de irme me doy cuenta de que el bar del hospital es tan verdadero como cualquier otro bar, y que los que por la mañana toman café son los acompañantes de los enfermos, y que también necesitan que alguien los acoja, aunque sea en un espacio lleno de sillas ruidosas.  

     

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