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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 13
    Febrero
    2016

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    Ciutat

    Dos bastones

    Lo veo caminar con una determinación de principiante, sus dos bastones de madera pulida bien cogidos, uno por cada mano, avanzando como si tuviera que llegar a la hora prevista por él mismo, justamente hoy, que hace tanto viento y los árboles se mueven. Y quién sabe lo que puede caer de los tejados de los edificios. Así que, por favor: que no le pase nada, que no le ocurra nada
    malo, justamente hoy, que es tan difícil avanzar con tanto viento y tanta corrupción que se puede caer desde algún alero maltrecho o desde alguna terraza medio abandonada.


    Me gustaría poderle ayudar, cogerle del brazo hasta donde quiera ir, para que no se sienta tan solo, que no tema por su futuro inmediato, ni a los que ahora lo contemplan con el alma en vilo, ahora un pie y luego el otro, con un leve balanceo de su cuerpo, la espalda inclinada que le obliga a mirar el suelo aunque no lo quiera: cuántas cosas le habrán ocurrido a lo largo de su vida para que la experiencia le sirva esta mañana, mientras lucha para llegar
    a la ventanilla de la caseta de la ONCE, que está ahí, sobre la acera, como una pequeña iglesia.


    Menos mal que no hay nadie más a la espera, pero ha de sacar el dinero del bolsillo, los tres euros que hacen falta para poder comprar su súplica al azar, como si el azar fuese un dios que exige dinero, y aun así no se sabe si va a haber respuesta: yo, francamente, lo dudo. Veo que apoya los dos bastones en la parte de delante de la caseta, mientras pone la mano derecha en su bolsillo, y entonces, ay, los dos bastones se deslizan, no por la contera, que es fiable,
    sino por la empuñadura, y se caen a la acera, justo cuando alguien que está detrás de mí le da con fuerza al claxon de su coche para que yo mueva mi coche de una vez y salga del semáforo cuanto antes.

     

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