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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 14
    Septiembre
    2013

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    Conversar es descubrir el mundo

    Hablar es dejarse llevar por las palabras y abrirse a su significado más certero, casi como si lo acabáramos de descubrir, recién sacado del diccionario. Sale a relucir una tienda de la calle Sindicat, en la que vendían medallones con la efigie de Camarón, y que ha desaparecido debido a la crisis, como tantos otros establecimientos, y entonces mi memoria, con sólo oír Sindicat empieza a enhebrar olores y sabores que se convierten en el estímulo de otros recuerdos, de cuando acompañaba a mi abuela y a mi madre en sus compras por Ciutat. Las especias tenían que ser de Crespí, que aún existe, como un faro intemporal, y Mariajo comenta que en Navidad venden allí unos orejones con chocolate que son una delicia. Entonces me entero, por Juan Luis, que los orejones no son sólo de albaricoque, sino de melocotón. Lo que más me gusta de las conversaciones es poder aprender algo nuevo, y por esto prefiero escuchar a hablar, porque cuando hablo tengo la sensación de que no estoy seguro de ninguna de mis afirmaciones, y que quien habla por necesidad es mi otro yo, ligeramente ampuloso y fuera del ámbito de mi conciencia. Ayer, cuando conversábamos, Ciutat era un telón de fondo que servía para que mis contertulios mostraran su visión de una ciudad recién descubierta, alejada de cualquier reminiscencia de la infancia, ya que la mayoría de ellos llegaron aquí en la juventud, cuando uno lleva ya una sólida experiencia de otras emociones. Descubrir el mundo es dejarse convencer con la inocencia aún en todo su esplendor . Para alguien recién llegado, el sabor de los higos secos puede ser el punto central de un placer que se queda para siempre entre sus preferidos, al igual que para mí lo fue, a mis veintitantos años, la frescura cordial de los puerros a la vinagreta en Burgos, o la alegría de unas gamblas al ajillo, en Madrid. Lo que sabemos se convierte en vida, tanto si es algo que comemos como si es el contenido de un libro. Concha habla con fervor de ‘El maestro Juan Martínez que estaba allí’, y de sopetón me invaden las ganas de leer cuanto antes a Manuel Chaves Nogales, de quien sólo tengo vagas referencias. A mi lado, Juan Luis me dice que hay que ver qué maravillas vemos de continuo. Ayer, al atardecer, comenta, casi emocionado, había una combinación de colores en el horizonte, tan limpio después de las últimas lluvias que parecía el fruto de la imaginación cursi de cualquier artista amanerado, y no era ilusorio sino verdadero todo lo que veíamos Susana y yo: el cielo de un azul utópico, casi en el límite de lo real, y las franjas multicolores que cruzaban el cielo por el oeste, como si fuéramos espectadores privilegiados de un mundo misteriosamente dispuesto para ser celebrado. 

    Motivo: Cumpleaños de Rosa

     

     

     

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