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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 14
    Abril
    2013

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    Con el ánimo encogido

    Keynes consideraba que en los períodos de crecimiento económico había que ser más prudentes que nunca. Nuestro pecado, como hemos descubierto cuando ya era tarde, fue hacer lo contrario. En la viñeta de El Roto se ve a un demonio trajeado, y detrás de él a un hombre envuelto en llamas. El demonio dice: La gente está que arde ¡Qué gran ocasión para montar otro infierno! Una de las noticias de hoy es que según estadísticas recientes hay once millones de españoles que viven por debajo del umbral de la pobreza. La prima de riesgo aún está por encima de 300, y el paro aumenta mes a mes. Lo que conmueve de verdad, de una manera casi desconocida, es esta sucesión de desventuras emocionales que padecemos, y que dependen de variables que nadie controla: nada es más absurdo que este descontrol en que estamos inmersos. Cómo serán los días de tranquilidad, cuando lleguen. Mientras tanto, quién será capaz de comunicar equilibrio interior y dignidad humana, y soluciones a los problemas descomunales que nos atosigan. Incluso Giorgio Napolitano, el digno y conmovedor presidente de Italia, acabará su mandato sin haber podido lograr un acuerdo de los partidos para formar gobierno. Con el ánimo encogido, la experiencia no nos revela nada, tan sólo estupor y desorden, como si no pudiéramos avanzar con la ayuda de la voluntad. Camino por Ciutat con el ánimo encogido, sin que la mañana primaveral me permita salir de este círculo de escepticismo que me rodea, y del que yo formo parte, y que quizás también alimento. Los acontecimientos parecen ocurrir a expensas de nuestra organización social, que funciona con un engranaje que puede acabar devorándonos.  Y sin embargo al seguir caminando me alegra ver que hay gente que sonríe, que hay parejas que se besan, y que sigue habiendo algo que mueve a las personas humanas hacia adelante, aunque sea a trompicones. ¿Podemos esperar, no como ilusos sino como razonables ciudadanos, que todo salga bien y el resultado de tanto sacrificio sea una sociedad regida por la buena voluntad? 

     

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