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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 06
    Julio
    2013

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    Colas

    La cola de necesitados en la fachada de los Capuchinos es más larga que nunca. Esta mañana he tenido la sensación de que el país va a empezar a ponerse en cola, unos para pedir algo de comida, otros para pedir algo de justicia, otros para pedir piedad, otros para gritar. El ciudadano del siglo veintiuno es un ciudadano iluminado por demasiadas luces artificiales. El país como un conjunto de colas para diferentes finalidades, pero todos en común en la cola de las dudas que nos embargan. Y por encima de todo ha de haber ese algo tan impreciso que es la esperanza despojada de cualquier significado que no sea el estrictamente material. Ser fieles a ese deber: el de la esperanza activa. ¿Un líder? ¿Para qué? Los líderes sólo sirven si pueden aplicar soluciones eficaces, como Roosevelt durante la Gran Depresión de los años treinta. Ahora hay una interconexión tan enmarañada entre las variables económicas de los distintos países que las soluciones son siempre insuficientes. Alguien tose en un lugar situado a miles de kilómetros y el ahorro conseguido con los recortes del último año se va al garete. Los resultados del último trimestre en EE.UU., las previsiones de China, los cambios repentinos en el norte de África, las expectativas de la enésima reunión de Bruselas: cualquier gesto lejano es una bofetada certera en nuestra economía. La cola de los necesitados que piden ayuda en la iglesia de los Capuchinos crece, y aumenta el número de turistas debido a los problemas de Egipto, como ya ocurrió hace veinte años con el conflicto de los Balcanes. Pero el aumento del número de turistas es sólo un bálsamo, y no muy eficaz. Llego al mercado del Olivar y me dejo arrastrar por el colorido de las frutas y verduras. Los colores de las cosas vivas, el extraordinario valor de lo más sencillo: unas ciruelas, unas manzanas, unos tomates, un pollo. Y en seguida tengo la sensación de que lo más necesario no ha sido valorado debidamente, como si hubiera que hacer un acto de contrición. El hombre contemporáneo vive aquejado por las turbulencias incontrolables que lo acechan. 

     

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