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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 04
    Agosto
    2013

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    Coches coches coches

    A las siete de la mañana estoy sentado en mi casa con el ventanal abierto y de repente pasa un coche a gran velocidad desde el cual se escucha un grito aterrador que pone los pelos de punta. Mientras el coche sigue calle abajo oigo otro grito como si fuese el eco del anterior, rebotado desde las cavernas de la noche. No es algo nuevo. Las mañanas de domingo suelen tener este comienzo: algunos de los que regresan de juerga quieren dejar constancia de su paso por la ciudad y se dedican a firmar a gritos los últimos momentos de su noche. Desde el coche se realizan las acciones más descaradas que uno pueda imaginar. Conducir este verano es someterse día a día a un extenso repertorio de insensateces. Voy por la autovía a noventa por hora, por el carril de la derecha, y un coche a gran velocidad se cruza delante de mí para tomar el desvío a Sa Vileta. Me ha ocurrido ya tantas veces que en cualquier momento, cuando hay un desvío y hay bastante tránsito, ya no me sorprende que alguien lo haga. El límite de 120 es un mero apunte en las normas de circulación. No es infrecuente que haya coches que circulan a 150, a 180. Cuando voy en coche desde un origen hasta un destino sólo pretendo hacerlo en condiciones dignas. Quiero ir seguro y tranquilo, sin necesidad de someterme a otras exigencias. Y sin embargo me tengo que enfrentar a lo opuesto. En las carreteras de doble sentido hay siempre acosadores dispuestos a amargarte la vida. Van pegados al coche de delante, y si miras por el retrovisor ves a alguien desconocido que quiere adelantarte como sea, como si fuera incapaz de serenarse para comprender que el coche es un instrumento para moverse de un lugar a otro, no un arma para correr y para poner en peligro la vida de los demás. La distancia de seguridad es otra aspiración quimérica: grupos de cinco o seis coches circulan casi pegados el uno al otro por la peligrosa carretera entre Llucmajor y Campos, una carretera que engulle un tráfico muy denso, de gente que va a la playa o que vuelve de ella. Ir en coche este verano se ha convertido en una oscura manera de moverse, y el alivio que siento al regresar a casa sano y salvo es el mismo que si hubiera realizado un trabajo muy duro, de los que dejan el cuerpo molido.

     

     

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