Blog 
Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
RSS - Blog de M Angel Moyà Juan

El autor

Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


Archivo

  • 29
    Agosto
    2013

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Ciutat se construye con la mirada

    Vemos que un vecino nuestro busca en los contenedores de basura. De nada sirve una mirada complaciente en este mundo extraño, porque se entremezclan la belleza y el horror, la efímera alegría y el desencanto. No es un atenuante que sea africano. Y lo hace con dignidad: cuando los africanos de Ciutat piden, suelen hacerlo sin apelar a mentira alguna. Le pregunto a uno de ellos y me responde con la verdad a cuestas. De pie, me mira a los ojos y sé que en su mirada late el deseo de justicia, no la exigencia de una caridad blanda. El acordeonista del supermercado pasea por el centro de Ciutat con su acordeón a la espalda. No sé por qué se ha ido de su lugar de trabajo habitual. Nada es permanente en una ciudad, y en Ciutat menos aún, sometida a sus necesidades de empresa turística. En la acera del teatro Principal hay un puesto de información para visitantes, menos mal. Qué agobio la humedad. El barrio antiguo tiene una belleza dosificada, como si hubiera que buscarla con una mirada indagadora, no sumisa a lo que ya se conoce de otros paseos y de otras miradas lánguidas. Quién puede saber lo que hay por ejemplo en una plaza tan hermosa como la Plaça de Quadrado. En el hostal se hospedó Miguel Querejeta, el amigo de mi hija que estuvo por aquí un día y conoció Ciutat en bicicleta. En uno de los ángulos de la plaza se ven las tripas de un edificio derruido, como un desnudo del tiempo. La ciudad a veces se nos aparece en su transparencia más elemental, sin más recovecos que su encanto encendido por una circunstancia aleatoria. Pero sólo lo descubrimos al mirarla, viajeros nosotros mismos por las calles que aún no conocemos del todo, y que quizás no conoceremos nunca del todo, furtivamente.

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook