Blog 
Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
RSS - Blog de M Angel Moyà Juan

El autor

Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


Archivo

  • 04
    Diciembre
    2015

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    otoño

    Carta a Avelino Hernández

    Avelino, cada otoño (re)leo poemas de tu libro El septiembre de nuestros jardines, y sobre todo el que compara el otoño de la isla con los otoños que conociste en tu infancia. O, mejor dicho, no los compara, a los dos otoños: simplemente constata que es imposible saber que en la isla existe esta estación del año, porque no hay apenas indicios. En vez de (re)leerlo podría recordarlo, simplemente, pero me gusta el rito de buscar el libro en mi biblioteca y abrirlo en la página 91. Este otoño me ha merecido una atención aún mayor, porque a finales de verano caminé con los amigos por la Seva de Irati, que es un bosque de hayas que parece de cuento de hadas. (Y ahora caigo en la cuenta del extraordinario parecido entre las dos palabras: hayas, hadas). Me hubiera apetecido haber caminado por el hayedo en pleno otoño, y haber disfrutado de la explosión de colores, de las hojas matizadas por los rayos del sol, sobre todo por la mañana, que es cuando todo nace, como una promesa. En la isla, es cierto, no hay (casi) otoño, pero esta mañana, en un viaje en coche desde Ciutat a Puigpunyent he visto con alegría que la carretera, en el tramo final, cuando se llega al pueblo, ofrece una pequeña muestra de tus añorados otoños. Hay unos árboles muy grandes, casi todos plátanos, que en estos días ofrecen su cara otoñal, muy favorecida por la iluminación del sol, que ahora es tan limpia, y que se deshojarán en el cauce de nuestro arroyo. Cuando amanece, o al atardecer, los rayos del sol realzan la realidad, porque la luz es lateral, la más adecuada, a mi gusto, para disfrutar de las diferentes tonalidades de las hojas de los árboles. Yo también añoro los chopos de los ríos de Castilla la Vieja, que suenan a silencio profundo cuando la brisa los airea. No he sido el único, ni mucho menos, en advertir este pequeño gesto del otoño de la isla. Me ha parecido entrever que el que conducía el coche que iba detrás, en vez de atosigarme por ir yo tan despacio, también se dedicaba a lo mismo que yo, es decir: a mirar un poco de soslayo, aunque sin ningún riesgo, porque los árboles siguen el cauce de Sa Riera, nuestro mínimo torrente con ínfulas de río, que parece dormido casi todo el año, pero que de vez en cuando se desborda y produce daños de no poca importancia, y hasta algún que otro accidente irremediable. Al llegar a casa he comido una manzana roja, muy dulce, que es una fruta que en verdad le da a tu poema un sabor de materia viva, porque al leer No hay manzanas de pastor, rojas , en las laderas, a uno le entran las ganas de comer una manzana, y de hacerlo con los cinco sentidos. En fin, que te lo quería decir, para que veas que tu poema abre perspectivas llenas de sentido, y sirve para que me haya sido posible advertir este retazo de otoño de Mallorca. Saludos cordiales Ma

     

    Los bosques de mi isla son de pinos y encina

    No hay manzanas de pastor, rojas, en las laderas

    No se enciende, cárdena, el haya, ni el sauce lánguido

    se deshoja en el cauce de los arroyos. ¿Cómo sabré que el otoño está llegando?  

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook