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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 20
    Febrero
    2016

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    Orquestra Simfònica 2015-2016

    Bordeando los recodos de la música

    Entramos en el auditorio como si fuese un día cualquiera, los músicos preparándose aún y nosotros con la sensación de haber llegado con el tiempo justo, después de tomarnos una copa de vino tinto, y esos gestos que hacemos cuando nos reencontramos con los vecinos de la fila, tan serios como si no nos conociéramos, excepto ella, que siempre llega en el último momento,
    risueña y casi feliz, o al menos a mí me lo parece, aunque no se lo diga a las claras para no comportarme como un entrometido. Nosotros, en cambio, con la resaca de los reveses más recientes, depositamos en el concierto la ilusión renovada de los jueves, el intento de ir hacia un cielo que nos atemoriza y nos reconforta, azul o gris, depende de los días, abriéndose y cerrándose como si fuésemos jóvenes a los que se puede engañar sin riesgo alguno.
    El violonchelo suena como una voz humana, eso parece, el arco que se desliza en serio sobre las cuerdas fronterizas entre la lealtad a lo que querríamos ser y el contraste con lo que somos, qué remedio. La música nos puede elevar y hacernos caer, bien lo hemos aprendido, y hay momentos en que se desliza por el alma como si el alma fuese una cuerda más y hubiera que conocerla punto a punto, célula a célula, para poder sacarle el jugo, la parsimonia precisa, sin endulzarla nunca, que es siempre un engaño en el que solemos caer,
    aunque ahora ya no seamos jóvenes y nos hayamos atrevido a caminar con más rapidez de la debida. Qué manera de recibir el ansia de emocionarnos, sentados aquí, en la sala de conciertos, como si estuviéramos en una frontera que nunca se conoce del todo, a pesar del camino recorrido y del que nos queda por recorrer, si el dios que sobreviva así lo quiere.

     

     

    Concert per a violoncel en Si Menor Op 104

    Anton Dvrak

    Alexey Stadler, violoncel

    n8, 20 de febrer de 2016

     

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