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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 24
    Febrero
    2013

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    Barrio del Pilar

    Las fachadas de ladrillo visto iluminadas por el sol maduran de forma lenta y segura.  Las contemplo desde el piso donde vive mi hija, y me da la sensación de que estos edificios son capaces de saltar la barrera del tiempo, al igual que algunas construcciones góticas. Empieza a pasar la gente que va a la compra. La Vaguada no ha impedido que perduren en todo el Barrio del Pilar docenas de pequeños establecimientos de frutas y verduras, de pescaderías y carnicerías, a los que acuden masivamente los ciudadanos. Veo un cartel colocado en una ventana: ‘¡Sanidad Pública!’. Ayer hubo una gran manifestación, y es mucha ya la gente que no sólo se escandaliza sino que está completamente avergonzada de nuestros dirigentes políticos. Sigo mirando hacia el exterior. En el espacio que hay entre los edificios, distribuidos en el perímetro de un cuadrado, los vecinos dejan sus coches en aparcamientos reservados para ellos, y en los bajos de los edificios hay un supermercado, un taller de marcos, una escuela infantil, un servicio de reparación de electrodomésticos, fontanería y electricidad,  una tapicería, un taller de zapatería, una ebanistería, una carnicería, una sucursal bancaria y dos bares. Pero unos metros más allá, en las calles cercanas, se multiplican los locales dedicados a todo tipo de actividades comerciales, como si este popular barrio, que empezó a formarse hace 50 años, estuviera ya cargado de ese tipo de historia ciudadana que se constituye día a día, sobre los cimientos de una voluntad que ha de perdurar por fuerza porque todos y cada uno son conscientes de su necesidad.  A mediodía hace sol y el cielo está completamente despejado, de un azul velazqueño que casi invita a la alegría, pero el aire es muy frío. Me he de anudar la bufanda y dejar las manos libres y protegerlas en los bolsillos del chaquetón.  Doy un paseo por la acera que linda con el centro comercial, que es una auténtica avenida para caminantes. Hay tres larguísimas hileras de árboles que estallarán de verdor en primavera, y que ahora ofrecen sus ramas desnudas contra el cielo azul. Tendría que ir a ver la exposición de Virxilio Vieitez, pero la mañana ha transcurrido con una rapidez inusitada. Hablar con los jóvenes le rejuvenece a uno, como me decía ayer Antonio, que me asegura que la gente de nuestra edad le cansa, porque muchos nos hemos convertido en rencorosos abstractos, al sentirnos responsables del fracaso de nuestra generación. No necesitamos más aguafiestas de la realidad, que ya de por sí se caracteriza por enturbiarnos el ánimo, y mucho más si abrimos los ojos bien para mirar libremente. La ciudad es el espacio de la búsqueda de sentido y de reconciliación, porque lo que observamos a nuestro alrededor es un intento de acercamiento entre los ciudadanos que a veces conduce a un fracaso descorazonador, pero que con frecuencia nos remite a una aspiración de fraternidad que es una de las aspiraciones más nobles del ser humano. Todo lo que enlaza nuestra vida y la vida de los otros nos sitúa en el centro del corazón humano, apasionadamente

     

     

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