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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 05
    Junio
    2016

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    Juan de Irati

    Atardecer en la bahía

    Llegamos al malecón a la caída de la tarde. Hay una luz de pintura realista que no se agota en lo que se tiene delante de los ojos sino que va más allá. Todo lo visto anteriormente se puede convocar si uno no se pone barreras. Sales de Ciutat y en unos minutos puedes hacerte a la idea de que te has ido de viaje. Sobre el puente de madera hay dos jóvenes que se acercan a nosotros, atraídos por los dos perros, que corretean felices. Hablamos un rato sobre su experiencia de viajeros, y la idea que nos transmiten es de descubrimiento: les gusta el paisaje, y se sienten no sólo de vacaciones sino viviendo. El matiz es casi utópico, porque vivir no suele ser posible en vacaciones, con el coche metido en atascos y con playas repletas que desmienten la fotografía publicitaria que nos mostraron en la agencia o que vimos en internet. Estos dos jóvenes saben lo que se necesita para disfrutar de la experiencia de un viaje. Nos lo cuentan con esa simpatía franca de los madrileños, que desean salir del agobio de la gran ciudad pero que saben con absoluta certeza que su disfrute de este malecón depende en buena medida de su condición de individuos que viven agobiados durante el resto del año. Somos una estructura de contrastes, y nuestra percepción del mundo está sometida a las vivencias que oscilan alrededor de un punto central que cambia a medida que maduramos. No nos podemos detener nunca, y hay que seguir y seguir. La experiencia de cada cual se va llenando de belleza y de espanto a la vez. Estamos tristes por algún revés de nuestra vida, y a la vez hay que abrir las ventanas al exterior, porque la luz suele ser beneficiosa. Hay un gran tronco pulido en la orilla, como una inmensa escultura simbólica de este atardecer simple y majestuoso a la vez. El agua de la playa es de un color oscuro lleno de matices. Las olas se remansan y nos hablan de la necesidad de no dejarnos engañar por la vanidad de las promesas absurdas: las olas son hijas de otras olas. Nos despedimos de los dos jóvenes y caminamos por la costa, entre rocas y vegetación. Hay una ligera cuesta y de repente se ve gran parte de la bahía. El sol baña las rocas y les otorga el don de la belleza. Podríamos haber traído una mesa con unas sillas y algo de comida para cenar aquí mismo, en este entorno tan hermoso. Y Ana se ríe de mí y me llama paleto.

     

    (Atardecer de sábado en las afueras de Ciutat)

     

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