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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 22
    Diciembre
    2012

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    Aaron Copland en la Plaza Gomila

    De repente el clarinete se queda solo, y nos damos cuenta de la fuerza del concierto de Aaron Copland. Es como si lo estuviéramos esperando, como si este momento concreto estuviera previsto y ahora por fin hubiera llegado. Y es que la emoción permanece sumergida desde el empiece, desde el suave susurro del contrabajo, que acompaña y dirige la entrada del clarinete desde la sombra. La música contemporánea sólo sugiere, porque nada es seguro, porque desde hace un siglo, más o menos, se acabaron las certezas y empezó la época de las probabilidades. Quién sabe lo que hay que hacer ahora mismo para emocionar. Con la Sinfonía nº 5 de Beethoven no hay ninguna duda que nos asalte. Todos estamos dispuestos a celebrar las grandes sacudidas que aparecen casi por necesidad, como en un teorema. Hay un exceso de dramatismo y grandeza, pero las personas humanas no nos podemos sostener mucho tiempo en la emoción desatada sin acabar cayéndonos por un precipicio. Beethoven nos deja a un lado como si quisiera habitar un mundo desproporcionado para nuestras posibilidades. Sin embargo Aaron Copland asiste con humildad a todos los sinsabores de su época, y se nos acerca casi con disimulo, y las notas de su concierto son una posible explicación provisional de los problemas  del hombre contemporáneo. He oído este concierto de Copland interpretado por varios solistas diferentes, y siempre me ha parecido muy íntimo, con una codificación que puede variar a lo largo de la vida del oyente. Es una música que acompaña sin querer imponernos nada, quizás debido a la manera en que el compositor envuelve al clarinete con la dulzura de los instrumentos de cuerda. La emoción surge en la agitación tensa de los violines, en ese piano que casi no se deja ver, en esa gesticulación del director de la orquesta que se percata de que esa música se parece a una oración. Y por supuesto en el solo del clarinete, a mitad de concierto, cuando lo oímos no sólo en el teatro sino en algún lugar de nuestro corazón. Después, en el autobús, he creído intuir que quizás Aaron Copland, de haber conocido la desolada Plaza Gomila hubiera situado su clarinete en una de sus esquinas y se hubiera dejado llevar por el sentimiento de pertenecer a un mundo complejo aún por explorar que aquí, en Ciutat, también existe, afortunadamente, aunque para ello se precise de observadores atentos a todo lo que ocurre.

     
    Motivo: Concert 3, Orquestra Simfònica de les Illes Balears, Ciutat de Palma.
    Concert per a clarinet i orquestra, de Aaron Copland;  Pascual Martínez Forteza, clarinet
    Simfonia nº 5, Beethoven

     

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