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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 07
    Junio
    2013

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    'Un nuevo borde de colores morados'

    Con la edad las cosas adquieren matices estacionales, y uno los observa con la curiosidad de verlos renacer cada año, como si la propia vida fuese también una función periódica, pero no es así. Naturalmente que no lo es, porque nosotros vamos en un sentido muy concreto, mientras que lo que nos rodea sí se desarrolla de una manera más o menos cíclica. Esto es lo que ocurre en Ciutat, que es una ciudad que adquiere su punto de mayor intensidad en los meses de primavera. Cuando florecen las mimosas, su amarillo extravagante anuncia la primavera; cuando lo hacen los árboles del amor, desterrados de los jardines, los días son ya más largos; y finalmente, cuando florecen las jacarandas, se anuncia ya el verano. Las jacarandas, como los árboles del amor, son árboles muy hermosos, pero nuestro ayuntamiento los ha desterrado a las tristes aceras de Ciutat, en donde más bien parecen absurdos centinelas. Una vez que hayan florecido, y su lila macilento se haya evaporado, su presencia pasa casi desapercibida, y no ayudan a los ciudadanos a pasar dignamente el verano, porque su sombra es rala y poco solemne. Uno se deja llevar por estos pensamientos acerca de los árboles de Ciutat, y no puede dejar de recordar los parques con árboles de sombra que hay en otras ciudades en las que ha habido más inteligencia en la previsión del bienestar de la gente. Aquí, la afición al cemento nos arrincona en verano de forma irremediable en nuestras casas, porque los bancos de La Rambla y el Borne, y los tres o cuatro que hay en los jardines de La Misericordia, sólo pueden abastecer de sombra a dos docenas de ciudadanos, como mucho. En Ciutat para proveerse de lo mejor hay que recurrir a la imaginación y a la lectura. En un libro de Edward Thomas leo: 'El camino del bosque tiene un nuevo borde / de colores morados'. Y salgo a la calle a buscar ese borde, a ver si lo encuentro.

     

     

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