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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 18
    Agosto
    2013

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    'Nombre y memoria acojan las tempestades'

    Paseas por Ciutat sin poder saber nada de la ruta que vas a seguir hasta que estás de nuevo en Sa Costa de Sa Pols, evitando cuidadosamente tropezar en los escalones que te llevan a Babel para leer el poema de la pizarra. Te gusta leer un texto escrito con tiza blanca sobre una pizarra como las de la vieja escuela primaria. Gozas mirando las letras escritas a mano, y ya sabes que casi nadie escribe a mano, ese gesto alegre de coger un lápiz entre los dedos, el pulgar y el índice que sostienen un lápiz rojo, o azul, o amarillo, un lápiz de aquellos que compré en Edimburgo, hace algunos veranos, y que han dado vueltas por casa, y ahora han desaparecido casi todos, pero sólo a primera vista, porque están escondidos en los libros que he ido leyendo, supervivientes en los estantes de la biblioteca, ese arsenal de recuerdos. Te dejas llevar por cosas absurdas, pero lo absurdo no puede ser valorado, porque a veces nos define en lo esencial, por mucho que nos aislemos de nuestras propias definiciones, que se nutren de la facilidad con que miramos a nuestro alrededor. Tengo encima de la mesa los Cantos de Leopardi, ‘nombre y memoria acojan las tempestades’, un verso subrayado por uno de estos lápices que muestran el rastro de un pensamiento desvanecido. De madrugada me he puesto a toser mientras soñaba que iba con mi amigo M por un aparcamiento, y la ciudad no era Ciutat, o por lo menos no era el centro de Ciutat. Intentábamos aparcar y hablábamos como si aparcar fuera muy difícil, cuando me he puesto a toser y me he despertado, y entonces he recordado de golpe el paseo de ayer por Sa Costa de Sa Pols, que es el lugar en donde suelo siempre terminar mis paseos. En las madrugadas de los domingos tengo pocas certezas, y las que me surgen de improviso no pueden ser elaboradas con el pensamiento, porque en seguida se desvanecen. Hay una pureza extraña que me acongoja en los Cantos de Leopardi, que no sé cómo se pueden ajustar a la experiencia de este siglo, tan lleno de incongruencias y de desvaríos. Me he despertado porque he tosido, y parecía que me fuera a atragantar, todo en silencio, la calle de los días festivos que se esconde de sí misma. Uno aparece de pronto en la madrugada de un domingo, y se descubre al mirar al exterior debido a la elocuencia de la luz, que se refleja y se refracta en el cuerpo, irónicamente

     

     

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