Blog 
Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
RSS - Blog de M Angel Moyà Juan

El autor

Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


Archivo

  • 14
    Agosto
    2013

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    'La hija del Este': un encuentro con cuatro yugoslavos

    Desde hace tres días leo con fervor ‘La hija del Este’ de Clara Usón. No asistí a la conversación sobre literatura de guerra en la que ella participó en Pollença la semana pasada, así que he decidido compensar mi ausencia con la lectura de esta escalofriante historia sobre los desvaríos a que conduce el nacionalismo. Son días casi lánguidos, la tarde transcurre mientras estoy arrellanado en el balancín del comedor, dejando que pase el aire desde el balcón hasta las ventanas semiabiertas de los dormitorios, y acribillando mi imaginación con las imágenes que me suscita esta novela tenebrosa y a la vez luminosa: tenebrosa por lo que cuenta y luminosa porque intenta esclarecer los hechos desde una lucidez que a ratos deslumbra, como si viéramos los hechos de aquella guerra civil a base de imágenes clarísimas, fugaces arrebatos de la imbecilidad humana. Recuerdo que, a primeros de diciembre de 1980, en un viaje desde París a Amsterdam, conocí a unos chicos yugoslavos que viajaban en el mismo autocar. Yo viajaba con mis amigos César, Paco y Antonio, con quienes años antes había compartido piso en Barcelona, y los yugoslavos eran también cuatro, y tenían más o menos nuestra edad, veintitantos años. Les dijimos que éramos españoles. Nosotros somos yugoslavos, nos dijeron, en castellano. Yugoslavos. Aún recuerdo su expresión. Mientras leo el libro de Clara Usón me he preguntado ya varias veces qué derroteros debió de tomar la vida de aquellos muchachos. ¿Sobrevivieron?¿Huyeron? ¿Lucharon en bandos opuestos? Cuántos encuentros tenemos en nuestra vida con personas que desaparecen para siempre sin poder saber nada más acerca de ellos. Ni siquiera recuerdo sus caras, tan sólo me viene a la memoria la expresión de satisfacción –una sonrisa franca en uno de ellos, la voz de otro que además nos sonrió más abiertamente, y como suma total una sensación de encuentro dichoso entre dos grupos de jóvenes que podrían ser amigos para siempre- cuando les dijimos que éramos españoles. A mediados de agosto el verano se tiñe de nostalgia, como si anticipáramos el otoño con nuestra mirada parpadeante. Se caen ya las hojas de los plátanos, doradas no por la estación sino por el calor asfixiante que han tenido que soportar en Ciutat. A través de la mirada inocente de Ana Mladic, el choque repentino con la realidad implacable de su admirado padre nos sumerge en una historia inquietante. Pero nosotros ya no somos inocentes. Aquí también ocurrieron hechos desastrosos en nuestra guerra civil. Y es que la mezquindad surge por doquier durante una guerra. Quizás Hobbes tenía algo de razón, aunque yo me niegue a dársela.

     

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook