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Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra
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Blog Mirades a Ciutat / Los límites de la tierra - M Angel Moyà Juan

M Angel Moyà Juan

Com un viatger, que de sobte es reconeix en una fotografia. // A los lejos unos árboles, y el tiempo que bordea la realidad, y la moldea, y la envilece y exalta, y la construye.

Sobre este blog de Mallorca

Desde muy temprano las calles de Ciutat buscan un interlocutor, o un gesto que sea premonición de algún conocimiento. // La tierra, con la que se produce este intercambio en el que hay que ser consciente de los límites.


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  • 22
    Febrero
    2013

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    'Hijos de la ira'

    Madrid es una ciudad de más de un millón de cadáveres, según las últimas estadísticas, escribió Dámaso Alonso en el primer verso de Hijos de la ira, pero ha pasado mucho tiempo desde entonces, y ahora hay muchos más habitantes, y el símbolo quizás sea extensible a los seres humanos en general, aunque yo pienso que lo simbólico es sólo el germen de un pensamiento que quiere expresar algo que sobrepasa cualquier significado racional. Y sin embargo el libro de Dámaso Alonso, que en algunos momentos de mi vida he considerado como realista, aunque de lectura simbólica, ahora adquiere un nuevo valor, desde aquellos lejanos años 40 del siglo pasado. Todo se puede discutir y aquilatar, pero siempre hay una manera abierta de entender las cuestiones humanas, y a mí los viajes a Madrid me sirven para entender la idea de ciudad, que va unida también a la idea de ciudadano. Pero los cambios saltan a la vista, y la simpatía y la efusión forman parte de algo que nos convierte en deudores del pasado. Ahora hay menos alegría. Se han producido muchos cambios desde que yo vivía en Madrid, y al recorrer las calles del centro veo lo nuevo y lo desaparecido como si constituyeran un único bloque del que surge una nueva idea de ciudad. No la que está a la vista, que pudiera asemejarse demasiado a la ciudad en la que pasé mi juventud, sino la de las relaciones laborales, que se han ido convirtiendo en un durísimo campo de batalla. Todo lo que soy capaz de ver está en la superficie, y lo que no veo está en las experiencias que me cuentan. Las difíciles relaciones laborales en el sistema capitalista alejado de cualquier equilibrio entre deberes y derechos está convirtiendo la vida en un sucedáneo de la tiranía de los que lo supeditan todo a la defensa del sistema. No se trata de trabajar más y mejor, sino de trabajar para sostener la pesada carga de una sociedad que se expande y que busca en su expansión tan sólo los efectos del utilitarismo más burdo. El bienestar ha pasado a segundo término, y ahora lo que cuenta es la consecución de unos objetivos que menosprecian a aquellos que trabajan para conseguirlos. Camino por las calles céntricas, y algo de lo que veo me entorpece, porque no sé muy bien cuáles son los límites de la experiencia de los jóvenes que buscan trabajo. Hasta dónde van a llegar, qué van a tener que soportar para poder vivir dignamente, cómo podrán ser capaces de mirar con alegría el fututo si el futuro se cierra, peligrosamente.

    Motivo: Viaje a Madrid. El poema de Dámaso Alonso es como un anticipo de la crisis que ahora padecemos. Al hablar con los jóvenes parece que estamos interpretando Hijos de la ira

     

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