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Mirada Exterior
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  • 26
    Octubre
    2015

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    Trump arrasa en Miami, sin hablar español ni dar pasos de salsa

     

    Trump no es un Kennedy, ni siquiera un Bush o un Clinton. El refinamiento le trae sin cuidado, aunque es bastante coqueto. Las bromas sobre su pelo –que no es peluquín- son una constante en la prensa americana. Lo suyo es el verbo claro y rotundo, los fajos de billetes de dólar cayendo por los bolsillos, las hamburguesas humeantes en la barbacoa –diga la OMS lo que diga- las tardes de fútbol y las gorras-visera bien rotuladas. Da la impresión de que ni siquiera disfruta jugando al golf en sus propios campos. Donald es la opulencia, la imagen del poderío americano, cada vez más alejado de la realidad de la calle.

    Si hace unos meses quien escribe recomendaba no minusvalorar al mega empresario, con un ego tan grande como la Trump Tower neoyorkina, ahora son las hordas republicanas quienes ensalzan al magnate como candidato favorito para las presidenciales de noviembre de 2016. Una encuesta de The Associated Press-GfK afirma que siete de cada 10 opina que Trump podría ganar si es nominado. Seis de cada 10 dice lo mismo del neurocirujano retirado Ben Carson, el otro político amateur que ha irrumpido con fuerza en la precampaña.

    Así que lo de Mr. Trump comienza a ser un fenómeno digno de estudio. El pasado viernes exhibió su poderío en el Doral Trump Hotel de Miami. Lo bueno de tener posesiones por todo el país, es que no hay que preocuparse por reservar fecha. En Florida se asienta parte del imperio familiar. En Palm Beach está Mar a Lago, algo que va mucho más allá del lujo, tal como uno se lo imagina. Más de un millar de seguidores, muchos de ellos latinos, jalearon al precandidato, que sin hablar español ni bailar salsa, se los metió en el bolsillo, con esa promesa de hacer a América grande de nuevo, librarse de la influencia de China y construir el famoso muro a lo largo de la frontera con México. Lo más curioso es que en estados de la raya mexicana, como Arizona, también crecen los adoradores del magnate, el hombre que se paga sus fastos electorales y que insta al resto de los aspirantes a hacer lo mismo. Lo hace porque sabe de sobra que ninguno de sus rivales, incluidos Hillary Clinton y Jeb Bush, cuyo cuartel general está en Miami, tienen capacidad para desembolsar cientos de millones de dólares. Dependen de donaciones. Trump no tiene límites. Todo es poco para defender ese lema que a Hillary, que ayer celebró su cumpleaños, le pone de los nervios: Make America Great Again!, la obsesión del empresario, ex marido de Ivana y Marla, esposo de Melania y padre, entre otros hijos, de la mediática Ivanka, su ojito derecho. Irónicamente, los asesores del Partido Republicano, especializados en ayudar a los candidatos a realizar campañas y ganar elecciones, consideran a Trump y a Carson como los candidatos menos elegibles para los comicios generales. Los votantes más conservadores del Partido Republicano, gente de cierta edad y raza blanca, ejercen una influencia extraordinaria en la selección del candidato. Los votantes independientes, moderados y las minorías son mucho más importantes en las elecciones generales pues atraen a más gente a las urnas.

     

     

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