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MICROMONÓLOGOS DE CADA DÍA
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Marc Llorente

Probablemente me conocerán a través de la crítica de espectáculos de INFORMACIÓN. Pero uno también le da al periodismo de opinión y a otros géneros.

Sobre este blog de Cultura

La actualidad social y política, la cultura y la creatividad literaria componen un "ménage à trois" perfecto. El realismo, el surrealismo, el absurdo lógico, la acidez o la ternura pueden darse la mano con unas rápidas pinceladas que expondremos para ustedes.


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  • 08
    Noviembre
    2011

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    Serenata a la luz de los focos

    Los dos púgiles permanecieron sentados durante todo el combate. Uno situado a la izquierda y el otro, como no, a la derecha. Muy lejos para que no pudieran darse muchas tortas o guantazos en las entrañas. El árbitro se situó en el medio y eso que no era jueves sino lunes. No tuvo que trabajar demasiado. No le tocó la gaita a nadie pero en ocasiones tocó el pito. De soplar, claro. Mostró algunas veces la cartulina amarilla y no hizo falta enseñar la tarjeta roja a ninguno de los contendientes.

    El puño del púgil de la izquierda hizo amagos, golpeó al aire en alguna que otra ocasión y quiso romper las gafas del púgil contrario aunque tuviese que enviarle otras. El contrincante de la derecha tenía los ojos algo exaltados, cosa que ya le ha ocurrido en otros combates. Pretendió tirar de las orejas a su rival y darle algunos cachetes cuando se puso a tiro. El exceso de maquillaje no permitió que los aficionados conocieran a fondo las intenciones de cada cual. Las dudas y las sospechas siguen sobrevolando por encima de los indecisos. 

    Querían darse puntapiés por debajo de la mesa... No llegaban. Ya digo. Se situaron muy lejos el uno del otro y no fue posible esa argucia ni la hubiese permitido el colegiado. Los competidores usaban guantes de seda y no fueron excesivamente traviesos como para que el moderador del choque les castigase de cara a la pared o poniéndoles de rodillas para aprenderse de memoria el programa electoral del vecino.

    El luchador de la izquierda cantó La culpa fue del chachachá, Bésame mucho, Corazón partío, Digan lo que digan o Cuéntame. El competidor de la derecha interpretó también serenatas a la luz de los focos: Contigo en la distancia, Acércate más, Me lo dijo Pérez, Ansiedad o A veces tú, a veces yo

    Finalmente, dándose la manita cantaron a dúo Había una vez un circo mientras el árbitro palmoteaba tan feliz. El de la izquierda marchó a su casa de Ferraz con la intención de recibir aliento por parte de los suyos y de aspirar un balón de oxigeno. El de la derecha perdió los papeles al salir y voló en un avión privado hacia Génova fumándose un puro y pensando en su programa oculto. Más allá del guión que le escriben sus guías espirituales. 

     

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