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Mi ¿amiga? Pascualita
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Blog Mi ¿amiga? Pascualita - Isabel JiménezBravo Llabrés

Isabel JiménezBravo Llabrés

Isabel Jiménez-Bravo Llabrés es una mujer, bastaría decir eso para definirla, pero por si queda alguna duda: es mujer, madre, abuela, amiga... conocida mundialmente por sus croquetas, ha decidido dar un paso más, compartiendo con quien quiera pasar un buen rato, las historias de su ¿amiga? Pascualit...

Sobre este blog de Cultura

"Mi ¿amiga? Pascualita" es un personaje entrañable a la par que desquiciante, que entra a formar parte, de una forma muy peculiar, de una familia nada común, pero en la que podemos identificar a miembros de nuestra propia familia. ...


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  • 10
    Septiembre
    2013

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    Yo no pago.

      La abuela se ha levantado como una rosa y eso que vino tarde y dando tumbos. Al despertarme, toda la casa olía a pan tostado - ¡Hum, que aroma más delicioso! - Mientras desayunábamos me contó que, debido a la sorpresiva fiesta de ayer, la gente no sabía qué hacer ni a donde ir, así que El Funeral se llenó antes de lo habitual. Y estuvieron jugando al bingo. - "Sé de centros de la 3ª edad que batieron el record de permanencia en el club jugando al bingo. Incluso comieron allí para no perder tiempo. Acabarían con el culo cuadrado" - Me imagino... ¿qué hicisteis vosotros? - "En lugar de premios en metálico, los que ganaban elegían el baile que querían bailar y siempre se les agregaban otras parejas" - Estuvisteis modositos - "Sí, hasta que mi suegra propuso un cambio" - ¿Estaba la Momia? - "Se está haciendo asídua... Jugamos al bingo-sex. El que ganaba se quitaba una prenda" - ¡Pero, bueno! ¿A vuestra edad? ... ¿No me digas que hubo quién se quedó en cueros, por favor? - "Pues sí. Al final estábamos en cueros todos jajajajaja" - ¡¡¡Abuela!!!

    Pascualita, viendo que no le hacíamos caso, saltó a la mesa de la cocina, se aupó a mi taza de cola cao y se dio un buen baño en ella - ¡Ya estamos otra vez! ¡¡¡Quita de aquí, bicharraco!!! - Antes de que pudiera cogerla entró la Cotilla - ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaaaa! Si yo tuviese una nieta y me llamara bicharraco, ahora mismo ya estaría sin dientes ¡Que cruz tienes con ella! - Entonces, la sirena dio un coletazo y salió despedida hacia la taza de café con leche de la abuela y puso perdida a la vecina que estaba al lado. - ¡¿Quién me ha salpicado?! - La abuela y yo nos miramos con caritas inocentes - "Cotilla, hija ¿estás bien?" - ¿Pero... no ves como me habéis puesto? - Yo no me he movido. - "Yo tampoco" - Mientras discutíamos, Pascualita se zambulló en mi taza y hubo cola cao por todo el vestido de la Cotilla - ¡Otra vez!... ¡Mirad como voy! - Hecha una pena (dije, aguantándome las ganas de reir)

    - He entrado limpia en ésta casa, o sea, que me he manchado aquí ¿no? - Ah, no sé. - Ya me estáis pagando la lavandería - "No tengo ninguna obligación moral" (dijo la abuela, muy digna) - ¡Ahora mismo os pongo una denuncia como una catedral! - Y salió echa una furia. Antes de cerrar la puerta tras de sí, preguntó - ¿Qué hay para comer? - "Frito de cordero"

    El Municiopal, bastante molesto, interrogaba a la Cotilla - ¿Usted ha visto que le tiraran los líquidos? - Ya te he dicho que no. Pero eso no quiere decir nada... - Si no lo ha visto, no puede acusarlas. - ¿Quién me los iba a tirar entonces? - Con la de cosas raras que pasan aquí, cualquiera sabe...

    Mientras discutían, yo trataba de encontrar a Pascualita. Había desaparecido después de desayunar y a saber bajo qué mueble estaría escondida... Hasta que me dio por mirar arriba ¡Allí estaba! colgada de la lámpara y justo encima de la vecina. Tragué saliva. La abuela también la vio y no se le ocurrió otra cosa que hacerle la señal de OK. Entonces Pascualita saltó, segura de que su amiga estaba encantada de que lo hiciera, y se perdió entre la maraña de pelos colorista de la Cotilla. Un segundo después, en aquella cabeza se armó un zipi zape y vimos volar mechones mientras un pequeño pero furioso tornado, enmarañaba el cabello.

    La Cotilla lloraba y pataleaba y cada vez que intentaba arrancarse el bicho, recibía un doloroso mordisco. Empezó a correr arriba y abajo del piso, gritando como una loca. El Municipal la siguió hasta la puerta de la calle, la abrió y se largó con el rostro desencajado. Cuando por fin pudimos cogerla, le dimos el infalible chinchón para que lo olvidara todo y pudimos ver, tranquilamente, la Vuelta a España.

     

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