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Mi ¿amiga? Pascualita
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Blog Mi ¿amiga? Pascualita - Isabel JiménezBravo Llabrés

Isabel JiménezBravo Llabrés

Isabel Jiménez-Bravo Llabrés es una mujer, bastaría decir eso para definirla, pero por si queda alguna duda: es mujer, madre, abuela, amiga... conocida mundialmente por sus croquetas, ha decidido dar un paso más, compartiendo con quien quiera pasar un buen rato, las historias de su ¿amiga? Pascualit...

Sobre este blog de Cultura

"Mi ¿amiga? Pascualita" es un personaje entrañable a la par que desquiciante, que entra a formar parte, de una forma muy peculiar, de una familia nada común, pero en la que podemos identificar a miembros de nuestra propia familia. ...


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  • 14
    Abril
    2015

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    Cultura Mallorca

    Vuelve Bedulio.

    Vuelve Bedulio.

     

    Ahora que ya hablo bien, las dos viejas no me dejan ni a sol ni a sombra. Y en parte he salido ganando porque la abuela es quién guisa, así que he arrinconado los tetrabriks de caldo y las latas de fabada y de lentejas, etc.  Además, a las comidas también asiste Geooorge y tenemos entre todos una conversación más fluída en la que no hablamos de Obdulio.

    Ayer vino el Municipal con un compañero. Al pobre Bedulio no se le veía cómodo. Su compañero en cambio, era de lo más agradable. Se interesó por mi salud y pude comprobar con alegría, que era un sobón. Hablaba por los codos y tocaba contínuamente. Al principio me sorprendió tanta familiaridad en un hombre al que no había visto nunca pero no dije nada por educación, luego seguí callada porque no todos los días ocurren éstas cosas.

    De repente, Bedulio abrió la boca para preguntar si yo también estaba conchavada con la abuela y la Cotilla para cargarnos a su padre. Consideré una insolencia que me preguntara eso y le dije: - ¿Tienes en tan alta estima a los ladrones, asesinos y sinvergüenzas que atrapas, como tienes a tu padre? - ¡¡¡Jopé!!! - soltó el Pulpo.

    Fue el momento en que Pascualita decidió hacer ejercicio, saliendo disparada del acuario para volver a caer en él en picado. Otras veces lo hacía en plan bomba. Y a cada ¡chof! que oíamos, la cara del Municipal era más gris. Acabó sentándose porque no le aguantaban las piernas. Su compañero no sabía qué pensar. Menos mal que entró la Cotilla y desvió su atención - ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaa!... (miró a los dos guardias y dijo) ¿Vienen por lo de Obdulio? Ya me desdije de lo que dije. La culpa fue del chinchón que me desató la lengua y la imaginación... Voy a dejar estos velones en la salita y montaré otro altar a mi gurú particular, Bárcenas.

    El Pulpo dejó de sobarme a mi y sobó a Bedulio tratando de entender de qué iba aquello. - ¿Ese Bárcenas es... Bárcenas? - Sí. Ya te dije que eran raras... ¿Has oído esos chapoteos?... Pregunta quién los hace. - El ánima de mi abuelito primero (contesté con aplomo) - Asómate y verás como hay agua en el suelo... - El compañero volvió con los ojos desorbitados. - ¿Cuándo has visto tú que un fantasma haga eso? - En las películas... - Pues aquí pasa cuando menos te lo esperas... - El Pulpo empezó a hacer preguntas. - ¿Cuándo murió su abuelito primero? - No lo conocí. - ¿De qué murió? - No tengo ni idea... como aún no había nacido. - ¿No se lo han contado? - Prefiero no saberlo. - ¿Cree que lo mataron? - ¿Por qué tendría que creerlo? - Si es un ánima en pena por algo será... ¿no? - Tal vez hizo la promesa de venir a visitarnos de cuando en cuando. - ¿Cómo se llamaba su abuelito? - Apuntó el nombre y dijo que buscaría en el registro su partida de defunción. - ¿Para qué? - Para saber la causa... Me tiene intrigado lo del acuario. Voy a ver si veo caer el agua...

    En cuanto el Pulpo se fue al comedor, grité como si me estuvieran matando. Bedulio, del susto se cayó al suelo, se puso a cuatro patas y así corrió hacia la calle. Su compañero, asustado, dudó un momento, antes de seguirle y eso fue su perdición. Al oir mi grito, Pascualita subió como el rayo y soltó un chorrito de agua envenenada a la cara del municipal, pensando que me atacaba.

    Tuve que acompañarlo al cuartel, más de una hora después del ataque y con media botella de chinchón para el olvido, en el estómago. Lo dejé en la entrada y antes de llegar a la acera, escuché la bronca que le estaba soltando su jefe.

     

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