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Mi ¿amiga? Pascualita
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Blog Mi ¿amiga? Pascualita - Isabel JiménezBravo Llabrés

Isabel JiménezBravo Llabrés

Isabel Jiménez-Bravo Llabrés es una mujer, bastaría decir eso para definirla, pero por si queda alguna duda: es mujer, madre, abuela, amiga... conocida mundialmente por sus croquetas, ha decidido dar un paso más, compartiendo con quien quiera pasar un buen rato, las historias de su ¿amiga? Pascualit...

Sobre este blog de Cultura

"Mi ¿amiga? Pascualita" es un personaje entrañable a la par que desquiciante, que entra a formar parte, de una forma muy peculiar, de una familia nada común, pero en la que podemos identificar a miembros de nuestra propia familia. ...


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  • 30
    Diciembre
    2011

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    Vamos de chinos.

    Hemos ido de compras a los chinos. La abuela se prepara para celebrar la Noche Vieja en el Funeral. Quiere ir más guapa que nadie sin gastarse mucho dinero que no está el horno para bollos . Como no tenía nada mejor qué hacer la he acompañado de tiendas. Por supuesto también ha venido Pascualita.
    Uno tras otro, los comercios chinos se extienden como la ola de un tsunami por las aceras del barrio. Ha sido la primera vez que la abuela a entrado en uno. Iba con reparo, como a la fuerza pero sus amigas le habían dicho que allí encontraría de todo  y eso la ha decidido. Tiene la costumbre de tocarlo y no se ha percatado de que tenía una mujer china pegada a su espalda  - Si no complal, no tocal - La sorpresa de la abuela ha sido mayúscula - "¿Ha dicho lo creo que he oído?" - luego se volvió hacía ella - "Si no toco ¿cómo voy a saber si lo voy a comprar o no? - Tu no tocal - "¡La madre que...! ¿Quién es esta tía?" - la abuela se estaba enfadando. - Son normas que tiene esta gente. - Pero no me escuchó. Lo que hizo fue decirle a la china que se largara, naturalmente no le hizo ningún caso - "¿Cree que le voy a robar?" ... ¡Anda que le compre su madre! ¡Vámonos a otro sitio!" - Pero en todas partes pasó lo mismo Finalmente se rindió. En una de las tiendas vió todo lo que necesitaba y pasó olímpicamente de las miradas indiscretas. Mientras cogía, miraba y remiraba la mercancía y hacía como que no se enteraba del marcaje al que era sometida, abrió un poco la tapa del termo y fue explicándole a Pascualita qué era al cosa, para qué servía y dónde se lo colocaría. - "Después de las uvas tendremos cotillón y bailaremos hasta que el cuerpo aguante pero, para enotnces yo ya tengo que haber engatusado a Pascual... Sí, es guapo ¿Te acuerdas de él? Es el que tiene aquel pelo blanco tan lustroso y baila tan bien que parece que vas sobre una nube... bueno, a sentir eso te ayuda también el cava y los vinos que nos tomaremos durante la cena jajajaja... ¡Ya verás que bien lo vamos a pasar! " - La china que la seguía estaba todo el tiempo pendiente porque creía que le hablaba a ella. Creo que acabó con dolor de cabeza. Comentó algo con un compañero y fue sustiuída por éste en  la persecución de la abuela. Escamado por su comportamiento, se plantó delante de ella y sin que nos diera tiempo a reaccionar, sujetó el termo, lo abrió del todo y con dos dedos,  sacó a Pascualita - ¿Qué sel? - "Tamagochi" - dijo ella - No. Sel bicho. ¿Tú comel?... ¿No? Yo sí - Y con toda su caradura se llevó  la sirena a la boca. La reacción no se hizo esperar. La primera en morder y fuerte, fue la abuela que dejó la dentadura enganchada en la mano del chino. Acto seguido Pasacualita sacó sus dientecitos de tiburón a pasear clavándolos en el labio del vigilante. El primer ataque le pilló de sorpresa y por eso tardó medio segundo en gritar pero luego no había quién le callara. La abuela le abofeteaba para que se estuviera quieto pues quería recupear sus dientes. Yo tiré de Pascualita para llevármela de allí pero llegó la primera china armada con un periódico enrollado con la intención de aplastar de un golpe a la "cosa" que atacaba a su compañero. Ante el peligro de que eso sucediera, la sirena reaccionó saltando a la diminuta naríz de la mujer que, inmediatamente empezó a doblar y luego a triplicar su tamaño. El griterío que armábamos atrajo a más trabajadores, tanto de la tienda como de los comercios vecinos. Estábamos en inferioridad de condiciones y lo hubiésemos pasado muy mal si, en ese momento, no hubiesen llegado los municipales. Eran nuestros amigos o eso creíamos nosotras. Por si acaso dí un tirón más fuerte para desprender a Pascualita de una vez por todas de la naríz de aquella pobre mujer que gritaba, lloraba y sangraba, todo a la vez. Metí a la sirena, deprisa y corriendo, en el escote de la abuela, allí no miraría la policía.
    Después del paso por comisaría donde nos acusamos unos a otros y finalmente nada quedó claro, volvimos a casa. - "¿Has visto que desagradecidos los policías? era como si no nos conocieran... Por más que les he repetido que al mostruo" se lo comió uno de ellos, no me han hecho caso. ¿Crees que volverán a registrar la casa?" - Me temo que sí. Piensa que, esta vez, por poco nos encuentran con las manos en la masa... ¿Estás preocupada?... ¿en qué piensas?  -  En sí le pido a Pascualita que me muerda un poco en el pecho... con más volúmen en el escote el vestido que llevaré mañana al Funeral me sentará de muerte"

     

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