Blog 
Mi ¿amiga? Pascualita
RSS - Blog de Isabel JiménezBravo Llabrés

El autor

Blog Mi ¿amiga? Pascualita - Isabel JiménezBravo Llabrés

Isabel JiménezBravo Llabrés

Isabel Jiménez-Bravo Llabrés es una mujer, bastaría decir eso para definirla, pero por si queda alguna duda: es mujer, madre, abuela, amiga... conocida mundialmente por sus croquetas, ha decidido dar un paso más, compartiendo con quien quiera pasar un buen rato, las historias de su ¿amiga? Pascualit...

Sobre este blog de Cultura

"Mi ¿amiga? Pascualita" es un personaje entrañable a la par que desquiciante, que entra a formar parte, de una forma muy peculiar, de una familia nada común, pero en la que podemos identificar a miembros de nuestra propia familia. ...


Archivo

  • 12
    Abril
    2014

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    ¡Todos a la cocina!

     Mientras una parte del País mira al cielo para ver qué tiempo hará cuando salgan las procesiones, otra parte mira también para ir de excursión, o no. Y más partes mirarán al cielo antes de emprender el viaje de vacaciones de Pascua; otras partes lo harán para saber si hará mucho calor porque tendrán que pasarse unas cuantas horas cerca del horno y otras, como yo, mirarán el reloj para saber cuánto falta para que venga la abuela y empecemos a preparar las comidas tradicionales de estos días.

    - ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaa! ¿Ya ha venido tu abuela? - Todavía no, así que vuelva más tarde, por ejemplo, a las diez de la noche. - ¿Y qué como mientras? - ¿No le queda ninguna "delicatessen" del contenedor de basura del súper? - ¡Menos guasa, niña!

    Estaba deseando que la Cotilla nos dejara en paz porque me hacía mucha ilusión que Pascualita participara en la preparación de las empanadas y demás. Y teniendo a la vecina en casa no iba a ser posible. Llamaron a la puerta y pensé que sería Geoooorge cargado con los avíos de la comida, pero fue el señor Li quien entró muy decidido, hasta la cocina. - ¿No estal abuela? - Pues no... - Yo espelal sentado. - Y parecía tonto el chino.

    Poco después vino Blas el parado - ¿Ya ha llegado tú abuela? - Aún no... - Esperaré. - (A éste paso no me bastarán las sillas) - Llamaron otra vez. Era Bedulio. - La abuela no está. (dije al verle) - ¿Cómo sabías que iba a preguntarte ésto? (y abrió mucho los ojos) - Me lo ha chivado al oído mi primer abuelito. - El Municipal tragó saliva - ¿El ... fantasma...? - El mismo. - A continuación vino el Médico - ¿Tu abuela...? - No estááááááááááá´. - Vaaaaaaaaaaaaaaale, - Por último, llegó Andresito con la Momia - ¿Ya ha venido... ? - Nooooooooooooooooo.

    La Cotilla, al ver tanta gente se puso nerviosa - ¿A ver si no va a bastar el potaje para todos? - ¿Qué potaje? - El de Semana Santa. - Hoy no toca. Es el viernes. - ¡No fastidies! ¿entonces que hacen todos estos aquí? - No lo sé. Algo harán - ¿Y el chinchón? - ¡Pide más que Hacienda, jopé!

    ¡Por fin llegó la abuela seguida de Geoooooooorge! - ¡Hola a todos! Venga, vamos a la cocina. - Entraron en tropel y un minuto después aquello era un jolgorio. Unas horas más tarde salieron todos sudorosos y contentos. De la cocina llegaban  unos ricos aromas que abrían el apetito. Y casi en seguida, los hombres salieron con bandejas cargadas de empanadas de pescado, cocarrois, torrijas, rosquillas y crespells. La Cotilla llevaba dos botellas: la de chinchón y la de moscatel. Todo se colocó sobre la mesa que el mayordomo había puesto con esmero a pesar de que, platos y vasos eran de la tienda de los chinos.

    Yo había cogido a Pascualita y la puse en el broche al que le añadí unas florecillas frescas para camuflar mejor a la sirena. Nos pusimos a comer a dos carrillos. La abuela, que se había cambiado, ahora lucia sus piernas gracias a una cortísima minifalda y unos stilettos de vértigo. Después de beber, alternativamente, de uno y otro licor, la Momia quería vestirse como su nuera - ¡¡¡Quiero una minifalda como la suya y unos zapatos igual, Andresito. Pero ¡YA! o te desheredo!!! - La abuela se lo trajo de su antíguo armario e hizo feliz a su suegra y padecer a su marido que temía ver a su madre caer de los altísimos tacones. Pero con ciento y pico de años, la Momia había tiempo de aprender muchas cosas, entre ellas, agarrarse bien a un hombre. Y el elegido fueeeeeeeeeeee. ¡¡¡Geooooooooorge!!! Que divertido era ver a un escuálido y arrugado pulpito, metiendo mano al pobre inglés abochornado.

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook