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Mi ¿amiga? Pascualita
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Blog Mi ¿amiga? Pascualita - Isabel JiménezBravo Llabrés

Isabel JiménezBravo Llabrés

Isabel Jiménez-Bravo Llabrés es una mujer, bastaría decir eso para definirla, pero por si queda alguna duda: es mujer, madre, abuela, amiga... conocida mundialmente por sus croquetas, ha decidido dar un paso más, compartiendo con quien quiera pasar un buen rato, las historias de su ¿amiga? Pascualit...

Sobre este blog de Cultura

"Mi ¿amiga? Pascualita" es un personaje entrañable a la par que desquiciante, que entra a formar parte, de una forma muy peculiar, de una familia nada común, pero en la que podemos identificar a miembros de nuestra propia familia. ...


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  • 25
    Diciembre
    2011

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    Superviviente.

     

    ¡¡¡Feliz Navidad, Feliz Navidad!!! He conseguido llegar viva a éste día a pesar de haber pasado la Nochebuena en el Funeral. Todo estaba adornado con profusión de brillos y colgantes. Cada una de las fotos de los finados tenía su orla de espumillón y antes de sentarnos a cenar se hicieron bastantes brindis a su memoria. La mesa era un guirigay de risas y chistes verdes. La comida opípara y abundante. Cuando se les desató la lengua supe que algunas despensas habían sufrido un bajón esa noche - A mí hijo le regalan muchas... - No se van a beber todo lo que tiene ...-  con el turrón pasó lo mismo y con los langostinos y no se con cuántas cosas más. Al ver las bandejas repletas de carne, pescados y mariscos de toda clase pensé que deberíamos haber traído un taper para llevarnos parte de lo sobrante a casa... pero no sobró nada. La cena acabó tarde porque entre bocado y bocado, había que brindar por lo que fuera. Luego se bailó, alguno lo hicieron con las copas de champán en la mano y el suelo empezó a ponerse resbaladizo. Hubo caídas sin consecuencias salvo que las risas, las canciones, la juerga en general, fue en aumento
    Yo procuré no pasarme en nada y fuí la diana de muchos chascarrillos pero no me importó porque quería estar pendiente de Pascualita ya que la abuela hacía tiempo que había perdido el control y bailaba como una descosida. En cuanto pude me acerqué para decirle que la sirena debía estar muy mareada - "¡Tienes razón!" - (nunca sé si es mejor, decirle las cosas, o no. En este caso no lo fue) Sin pensárselo dos veces sacó a la sirena , que estaba bastante maltrecha, del termo y levantándola en alto como un trofeo, gritó - "¡¡¡Os presento a Pascualita!!!" - Quise quitársela de las manos pero no pude, me empujó, resbalé y caí. La mayoría fueron a por sus gafas para ver qué era ese fenómeno exhibído con tanto fervor. Hubo reacciones para todos los gustos: algunos pensaron que era un juguete, feísimo, para gastar bromas; a otros les dió asco, otros pasaron de él olímpicamente pero una de las mujeres se la arrebató de las manos y la tiró a una amiga que estaba algo más lejos. Entonces empezó el juego de "¿a ver si coges a Pascualita?" y todos quisieron jugar, la abuela la primera. Yo tenía los pelos de punta viendo volar a la sirena por toda la cafetería mientras, partiéndose de risa y sin pensar en lo que estaba haciendo, la abuela intentaba cogerla. El pobre bicho iba con las manos por delante tratando de detener aquel carrusel. Era tan rápido, a pesar de la borrachera general, que no tenía tiempo de morder para anclarse y dejar de ir de acá para allá. entonces, cuando más desesperada estaba, alguien me lanzó a Pascualita y pude hacerme con ella... solo un segundo. Un fuerte manotazo hizo que la sirena volara directamente hacia la puerta de entrada, justo cuando esta se abría para dar paso a los municipales que venían a advertirnos de que una nueva llamada conllevaría una multa a pesar de ser Nochebuena. Pascualita quedó pegada a los frondosos bigotes del primer guardia que entró y me costó Dios y ayuda despegarla de allí aunque al guardia le costó más: un trocito de bigote y su correspondiente pellizco de carne al que iba pegado. La escondí en mi sostén mientras rezaba a todos los dioses para que no me mordiera, cosa que no hizo pero vomitó, no se si por el mareo o por los pelos del espeso bigote.
    Era tal el jaleo en el Funeral que el compañero del herido no había visto a Pascualita  y todos los demás estaban tan bebidos que podrían haber jurado sobre la Bíblia que no sabían de qué les hablaban, a pesar de haberla tenido en las manos.
    La visita de los guardias, los gritos desaforados del herido mientrasa el veneno hacía su efecto y  la herida se hinchaba exageradamente y el cansancio que ya hacía mella en los ancianos, fue el punto final a una noche divertida... para ellos. Minutos después el autocar contratado nos dejó en casa.

     

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