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Mi ¿amiga? Pascualita
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Blog Mi ¿amiga? Pascualita - Isabel JiménezBravo Llabrés

Isabel JiménezBravo Llabrés

Isabel Jiménez-Bravo Llabrés es una mujer, bastaría decir eso para definirla, pero por si queda alguna duda: es mujer, madre, abuela, amiga... conocida mundialmente por sus croquetas, ha decidido dar un paso más, compartiendo con quien quiera pasar un buen rato, las historias de su ¿amiga? Pascualit...

Sobre este blog de Cultura

"Mi ¿amiga? Pascualita" es un personaje entrañable a la par que desquiciante, que entra a formar parte, de una forma muy peculiar, de una familia nada común, pero en la que podemos identificar a miembros de nuestra propia familia. ...


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  • 14
    Febrero
    2014

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    San Valentín.

     Siete y media de la mañana. Suena el teléfono. - "¡Hola, nena! ¿estás despierta?" - ¡¡¡NO!!! - "Pues espabila que hoy es San Valentín" - ¿Y? - "El día de los enamorados... ¿No te suena?" - Sí, al Corte Inglés (dije, furiosa) - "¿Cómo vas a tener novio si eres más seca que una pasa puesta al sol... Espabila y vete al mercado. Apunta lo que tienes que comprar" - ¿No tienes un mayordomo? Pues que vaya él.

    Diez minutos más tarde volvió a sonar el teléfono - "¿Ya estás en el mercado?" - ¿Cómo voy a estar allí si me estás llamando al fijo? - "¡Levántate de una vez!" - Cuando he llegado a la plaza los payeses aún estaban montando los puestos. La abuela quiere hacer una paella.

    A media mañana ha entrado en casa como si fuera la reina de Saba. Engalanada como un árbol de Navidad. Con plumas, brillos, taconazos y un brillante en el dedo como un garbanzo de grande - "Mira que bonito. Es el regalo de los Enamorados... A ver cuando tendrá tú uno, guapita de cara" - Ponía el anillo en un rayo de sol y decenas de pequeños arco iris saltaban por las paredes. - "Esta noche, en El Funeral veré brillar la envidia en los ojos de muchas. Solo por eso ya vale la pena gastarse el pastón que vale esta piedra" - ¿Piensas cocinar con esa ropa? - "Ahora vendrá Geoooooorge con ropa para cambiarme. Con mi nuevo status no puedo ir por la calle de trapillo"

    A las dos en punto llamaron a la puerta y el mayordomo fue a abrir. El Municipal se quedó de piedra cuando el inglés le hizo una reverencia invitándolo a entrar. Y lo mismo le pasó a Blas el parado. El que no se inmutó fue el señor Li porque los orientales practican mucho la reverencia. La Cotilla entró como siempre, pero cuando se enteró del recibimiento del que disfrutaron los otros, salió al rellano, llamó y entró de nuevo cuando el inglés se inclinó ante ella. Yo hablé poco con él porque aún estaba picada por la elección del nombre del niño, a pesar de que la abuela me había dicho que tengo pocas posibilidades de que ese crio llegue a ser mio ya que Geoooooorge tiene una novia tipo Miss Universo. Pero torres más altas han caído.

    Por último y cuando todos estábamos a punto de sentarnos a la mesa, llegó Andresito, con cara de espanto, arrastrando a la Momia. - Dime que es un broma, querida (se dirigía a la abuela) - "Es una broma" - ¡Menos mal! - "¿Qué es lo que es un broma?" (puso cara de inocente) - Lo del anillo. Es que me han llamado de la joyería diciendo que... ¡¿Es este?! (señaló el pedrusco que brillaba en su dedo) - "Sí, querido. Gracias. Esta noche, cuando estemos a solas en la habitación, te lo pagaré con creces" - ¡¿Con creces?! ¡Yo tengo que pagarlo en euros! En cuanto abran la joyería lo devolvemos. - "¡¿Devolver mi regalo de San Valentín?! ¿Lo habéis oído, amigos? Ya me decía mi madre que a un hombre no hay que dárselo todo de golpe sino a cucharaditas para que no pierda la ilusión ni el deseo, pero como soy muy espléndida ¡se lo di todo! Mi juventud, mi lozanía, mi alegría de vivir" - Querida, te recuerdo que cuando nos conocimos ya rondabas los ochenta. - "¡Buenooooo, lo que me faltaba por oír"  (Y se puso en jarras) - La Cotilla se santiguó. El Municipal se encogió en su silla. Blas el parado bebía vino para disimular el mal rato que estaba pasando. El señor Li y Geooooorge desaparecieron en la cocina y la Momia se echó un sueñecito hasta que le llenaran el plato.

    Un presentimiento rondó por mi cabeza y entré en tromba en la cocina. En ese mismo instante sonó un grito desgarrador que cortó toda discusión de raíz. El chino, al que le sangraba la nariz por las pequeñas pero dolorosas heridas que le había infringido Pascualita, intentando escapar del mordisco que le dio el hombre al confundirla con una gamba gorda, salió corriendo y llorando hacia el comedor. La sirena sangraba por la cola. El inglés, en cambio, acurrucado y tembloroso en un rincón con Pepe-Crisogono en las manos, contemplaba horrorizado, al pequeño monstruo que, desde el pico de la mesa le enseñaba, amenazador, los dientecitos de tiburón mientras sus ojos bizqueantes parecían a punto de saltar de las órbitas. 

    Hemos comido tarde y mal, porque el arroz se ha pasado, después de dormir al chino y al inglés a base de chinchón. Y de paso también a Andresito para que se le olvide el asunto del pedrusco. Los demás nos hemos sentado delante de la tele y nos hemos quedado dormidos.

     

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