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Mi ¿amiga? Pascualita
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Blog Mi ¿amiga? Pascualita - Isabel JiménezBravo Llabrés

Isabel JiménezBravo Llabrés

Isabel Jiménez-Bravo Llabrés es una mujer, bastaría decir eso para definirla, pero por si queda alguna duda: es mujer, madre, abuela, amiga... conocida mundialmente por sus croquetas, ha decidido dar un paso más, compartiendo con quien quiera pasar un buen rato, las historias de su ¿amiga? Pascualit...

Sobre este blog de Cultura

"Mi ¿amiga? Pascualita" es un personaje entrañable a la par que desquiciante, que entra a formar parte, de una forma muy peculiar, de una familia nada común, pero en la que podemos identificar a miembros de nuestra propia familia. ...


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  • 07
    Diciembre
    2015

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    Cultura Mallorca

    Montamos el Belén.

    Montamos el Belén.

     

    - "¡Arriba, nena, que vamos a montar el Belén!" - Mis ojos estaban pegados, el cuerpo lacio, la mente dormida y cerrada a nada que no fueran los sueños. - ¡¡¡Arriba, arriba!!!" - A base de gritos y sacudidas fui regresando al mundo de los despiertos. Fue un proceso doloroso y afanoso. Como si el Sueño me tirara de un brazo y la abuela de otro. Por supuesto, ganó la abuela. - ¿Ya... han puesto las... calles?

    En el comedor había un montón de cajas llenas de espumillón, bolas de cristal y plástico, el árbol de Navidad de todos los años desde hacía quince, y las figuritas del Belén. Unas figuritas de todos los tamaños y de distintas facturas. Eran piezas heredadas de antepasados remotos, otras habían sido encontradas por la Cotilla años atrás durante sus rutas nocturnas en busca de contenedores de basura.

    Con las casitas, palmeras, animales domésticos, pasaba igual. Casi ninguno se avenía con los demás. Miré todo aquello pensando, como todos los años, que cuando lo desmontara se iría a la bolsa de basura y ésta al contenedor del pueblo más alejado de Palma para que la Cotilla no  pudiera repescarlo.

    Loca de ganas de volverme a la cama, no puse objeción a nada de cuanto me decía la abuela. Quería terminar cuanto antes, así que mejor dejarse de discusiones. Cuando acabamos ya era de día. Contemplé la "obra de arte" y dije - Esto no tiene remedio. - Y luego, dándome cuenta de la realidad. - ¿Por qué lo hemos hecho en el cuarto de la plancha, abuela? - "Mis amig@s y vecin@s vendrán a verlo" - ¿Estás de broma? - "Están deseándolo porque nunca han visto un pupurri como éste. ¡Será un éxito de público y de dinero. Les cobraremos 5 euros por persona! - ¿Quiéres que nos corran a gorrazos y nos denuncien por estafa? - No seas negativa. Tod@s tiene belenes fantásticos en sus casas. Los hay florentinos, romanos... etc. Con figuras vestidas de ricas telas de seda, brocado, tisú... Verdaderas maravillas. Belenes que se han montado siempre en sus casas y donde todo permanece en el mismo sitio, año tras año, generación tras generación.

    - Podrías haberlo puesto en tu casa, al fin y al cabo tus amigas viven por allí - "¿Cómo voy a poner esta birria en mi casa? Somos ricos y debemos guardar las formas, así que sacaremos las figuras que la Momia heredó de su bisabuela y cantaremos villancicos a su alrededor.

    Nos sentamos a desayunar con Pascualita y la cabeza del abuelito Roberto. - Tendríamos que buscarles un puesto en el Belén a éstos dos (dije de mal humor porque la abuela me acababa de meter en un embolado)

    Discutimos el asunto y al final, decidimos que Pascualita nadaría en el pequeño rio de los patos. Con la cabeza del abuelito tuvimos más dudas hasta que a la abuela se le encendió la bombilla: - "¡Será el ángel anunciador de la Buena Nueva a los pastores!"

    Después de limpiar las huellas del desayuno de Pascualita, la metimos en el riachuelo del Belem y la abuela, llevándose el dedo índice a los labios, le indicó indicó silencio y tranquilidad. La sirena, que siempre oye lo que quiere, se avino a razones y dejó de alborotar.

    La escena de los pastores se convirtió en algo espelúznante. Sobre el frágil arbolito, la cabeza jivarizada, con ojos y boca cosidos, la piel zurcida por mil sitios y el largo y escaso pelo cayéndole sobre los ojos, se asomaba con un cartel en las manos que decía: Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad. Y hasta las figuritas tenían ganas de echar a correr del miedo que les daba.

     

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