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Mi ¿amiga? Pascualita
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Blog Mi ¿amiga? Pascualita - Isabel JiménezBravo Llabrés

Isabel JiménezBravo Llabrés

Isabel Jiménez-Bravo Llabrés es una mujer, bastaría decir eso para definirla, pero por si queda alguna duda: es mujer, madre, abuela, amiga... conocida mundialmente por sus croquetas, ha decidido dar un paso más, compartiendo con quien quiera pasar un buen rato, las historias de su ¿amiga? Pascualit...

Sobre este blog de Cultura

"Mi ¿amiga? Pascualita" es un personaje entrañable a la par que desquiciante, que entra a formar parte, de una forma muy peculiar, de una familia nada común, pero en la que podemos identificar a miembros de nuestra propia familia. ...


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  • 16
    Junio
    2013

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    La Reina de Egipto.

     - "¡¿Se puede saber por qué me has despertado tan temprano?!" - ¿Temprano? Van a dar la una. Tendrás que hacer la comida ¿no? - "Estaban a punto de hacerla mis criados" - ¡Despierta, que estamos en nuestro pisito de siempre! - "¡¡¡Arrodíllate ante la Reina de Egipto!!!

    - ¡Avemariapurísimaaaaaaaa!... snif... sniff... No huelo a paella... ¿por qué? - ¡Chist! no meta cizaña que la abuela ha tenido un brusco despertar. - ¿Qué le has echo? - Viendo la hora que es, despertarla o nos quedamos sin arroz. - Por una vez estoy de acuerdo contigo.

    La abuela apareció en el comedor, disfrazada de ¿egipcia?. Llevaba una toalla enrollada en la cabeza y se había prendido el broche con Pascualita, en plan adorno faraónico. Llevaba los ojos tan pintados que a penas se le veían. De vestido llevaba un pareo que le dejaba un pecho al aire, cosa que encontré fuera de lugar para ir a hacer una paella. Un montón de collares y pulseras, más unas chanclas con abalorios, completaban el modelito. Quedamos con la boca abierta al verla - ¿Pero... pero de qué vas, mujer? - "Soy la Reina de Egipto" - ¡Vaya perra que has cogido, abuela!... ¿voy poniendo la mesa?

    Nos tuvo en un ay a la Cotilla y a mí porque no sabíamos si comeríamos o no. Después de su exhibición por el comedor, se encerró en la cocina y cuando salió, dando unas enérgicas palmadas, nos obligó a sentarnos, después de ella. Luego acercó un plato con bocaditos para picar, a la Cotilla diciéndole . ¡¡¡Prueba!!!- Me enfadé porque siempre me deja en segundo plano. La vecina, muy ufana, cogió uno, se lo metió en la boca, masticó ¡y vomitó! - "¡Ajá! Lo que me suponía. Alguien ha querido envenenarme" - A la Cotilla le cambió la cara ¿veneno? - "Catadora, come otro bocadito" - ¡No me da la gana! - "¿Osas replicar a la gran Reina? ¡Morirás como una rata! ¡Tú! ("tú" era yo) Acércamela para que sienta en la nuca el aliento de Osiris!" - Abuela... ¿Estás bien? - ¡¡¡Está loca. Me ha envenenado!!! - cogí un bocadito y lo lamí - No es veneno ¡es bicarbonato, puagggg!

    Llamé a Andresito - ¿Qué pasó anoche en el Funeral? ¡La abuela está como una cabra! - El pobre vino en seguida y entre los dos la acostamos. La Cotilla ni se arrimó. Andresito nos contó que la noche anterior la abuela se empeñó en celebrar un aquelarre en la cafetería para echar mal de ojo a todos los que quieren tocar las pensiones, desde el Presidente al último mono. Al final, como casi siempre, tuvo que venir la policía a causa del jaleo que armaron. Pero la abuela, que se erigió en Jefa de las brujas, quiso ponerse en contacto con el Demonio y para ello no dudó en beber, bailar, beber más, bailar más y fumarse unos cuantos porros de Conchi ,que le había quitado a su yerno Y acabaron viendo al Demonio ¡pintado de rosa y flotando! Luego dijo que era la Reina de Egipto y mandó decapitar, ipso facto, a quien toque las pensiones... - Andresito se interrumpió (él tampoco estaba muy católico) y pidió a la Cotilla que se asomara a la habitación de la abuela para ver si dormía. Medio minuto después la oímos gritar como si la mataran.

    Corrí hacia el cuarto y tuve tiempo de oir a la abuela diciéndo : "¡Toma, Osiris!" - La Cotilla saltaba, brincaba y chillaba mientras Pascualita, se agarraba con los dientes en su nariz -  ¡¡¡Quiere matarme!!! ¡¡¡Me ha tirado al Demonio!!! - De un tirón seco desprendí a la sirena y la metí en el bolsillo. La Cotilla sangraba y moqueaba y no se estaba quieta. Me costó mucho que se sentara y se amorrara a la botella de chinchón hasta que se durmió.

     

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