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Mi ¿amiga? Pascualita
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Blog Mi ¿amiga? Pascualita - Isabel JiménezBravo Llabrés

Isabel JiménezBravo Llabrés

Isabel Jiménez-Bravo Llabrés es una mujer, bastaría decir eso para definirla, pero por si queda alguna duda: es mujer, madre, abuela, amiga... conocida mundialmente por sus croquetas, ha decidido dar un paso más, compartiendo con quien quiera pasar un buen rato, las historias de su ¿amiga? Pascualit...

Sobre este blog de Cultura

"Mi ¿amiga? Pascualita" es un personaje entrañable a la par que desquiciante, que entra a formar parte, de una forma muy peculiar, de una familia nada común, pero en la que podemos identificar a miembros de nuestra propia familia. ...


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  • 17
    Abril
    2014

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    La Procesión.

     La abuela me ha dicho que va a salir en la Procesión y se llevará a Pascualita en el termo de los chinos para que vea el ambiente. - ¿Perteneces a una cofradía? - "A la de los ricos" - No me suena... - "Porque no tienes mi estatus, pobretona" - ¡Huy! ese no es el espíritu de la Semana Santa ¿eeeeeeh?..

    - "Ya es hora de que la sirena conozca esta tradición. Me la colgaré al cuello, sobre la capirucha, para que no pierda detalle y en un momento dado, cantaré una saeta" - ¡Si cantas como un grillo! - "La intención es lo que vale, descreída" - Ya llevaré yo el termo de los chinos. - "¡Que no! lo llevaré yo" -

    ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaa! Mirad cuantos velones traigo para el altar de mi Maestro Bárcenas. - La Cotilla venía tan cargada que se doblaba por el peso - No me miréis así que son legales... Estaban amontonados y he cogido unos cuantos... Como no he podido pagar la factura de la luz seguramente me la cortarán y estos velos me irán muy bien y tendré para rato. - ¿Dónde estaban amontonados? - ¿Quieres unos? Llegas tarde porque, cuando me iba, unos cofrades han venido a por ellos. - ¡Cotilla, que son para la procesión! - ¡Estos son para no estar a oscuras en mi casa!

    La abuela se despidió - "¡Me voy y me la llevo!" - ¡Ni hablar del peluquín! - "¡Tiene que conocer la procesión!" - ¿Quién? (preguntó, curiosa, la vecina) - ¡¡¡Pasc...!!! (gritamos a la vez, la abuela y yo) - ¿Pascual? ¿Está aquí?... ¿Nunca a visto una procesión? ¡¿De dónde ha salido éste tío?! ¿Sabe Andresito que va a ir contigo? - "Déjate de interrogatorios que me voy" - Pero fui más rápida que ella y el termo de los chinos me lo colgué yo. - ¡Yo también vengo! A ver si hoy puedo conocer a Pascual (dijo la vecina)

    Cogimos dos sillas en primera fila y nos dispusimos, la Cotilla y yo, a criticar a quienes pasaban por la calle para entretenernos. Más tarde tuvimos frío. La vecina sacó la botella de chinchón de su bolso y aunque, me dio vergüenza me acordé del refrán que dice que quién tiene vergüenza, ni come ni almuerza. Pascualita, desde el termo también se "calentó" Cuando la procesión empezó a pasar, la sirena ya dormía y a nosotras se nos cerraban los ojos de aburrimiento. De pronto una trompeta rasgó el aire junto a nosotras y poco faltó para que nos pusiéramos firmes del susto. Pascualita, despertada bruscamente, sacó los dientes a pasear. Y entonces vio a los nazarenos, con las velas encendidas, las capas flotando, las caperuzas velándoles el rostro ¡y se le erizaron los pelos-alga de miedo! Para remate, de la acera de enfrente se acercaron a nosotras, a paso de carga, unos nazarenos sin vela - ¡Que ilusión (dijo la Cotilla extendiendo la mano) van a darnos confites! - Pero lo que nos dieron fue una manta de palos. - ¡¡¡Son los de las velas, Cotilla!!! - Pascualita saltó sobre uno de ellos pero no pudo hincarle los dientes con tanta ropa.

    Aquello se convirtió en un desbarajuste. La gente gritaba, yo intentaba coger a la sirena, que, impulsándose con la cola, saltaba de nazareno en nazareno hasta que acabó en la cara del que mandaba el Paso que estaba junto a nosotras. El hombre gritó y los costaleros creyeron oír la orden de levantarlo, luego la de bajarlo y la de mecerlo y la de... Acabaron dejándolo en el suelo y salieron a ver qué pasaba. - ¡¿Quién ha marcado el gol?! (preguntó uno con ansiedad)

    Volvimos a casa con más cardenales que los que hay en Roma. Descalzas, con la ropa echa jirones, con unas copas de más y la Cotilla quejándose todo el tiempo - ¡Ay ay ayyyyyyyy aaaaaaayyyyyyy! . Un hombre, con acento andaluz,  que pasaba a nuestro lado, dijo - ¡Así se canta una saeta. Con sentimiento!

     

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