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Mi ¿amiga? Pascualita
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Blog Mi ¿amiga? Pascualita - Isabel JiménezBravo Llabrés

Isabel JiménezBravo Llabrés

Isabel Jiménez-Bravo Llabrés es una mujer, bastaría decir eso para definirla, pero por si queda alguna duda: es mujer, madre, abuela, amiga... conocida mundialmente por sus croquetas, ha decidido dar un paso más, compartiendo con quien quiera pasar un buen rato, las historias de su ¿amiga? Pascualit...

Sobre este blog de Cultura

"Mi ¿amiga? Pascualita" es un personaje entrañable a la par que desquiciante, que entra a formar parte, de una forma muy peculiar, de una familia nada común, pero en la que podemos identificar a miembros de nuestra propia familia. ...


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  • 25
    Marzo
    2012

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    Golosa compulsiva

    Tenemos que tener mucho cuidado en no dejar nada dulce al alcance de Pascualita. Se ha vuelto una adicta al azúcar y a todas las cosas ricas que lo llevan. Después del atracón que se pegó en la caja de pastitas de té, ha engordado. No es conveniente que lo haga, entre otras cosas, porque luego no cabe en el termo.

    La hemos puesto a régimen riguroso. Se pasa el día en el "acuario" para que haga ejercicio. Como no estaba por la labor a la abuela se le ocurrió la peregrina idea de atar un terrón de azúcar a un córdel y moverlo delante de la sirena instándola a cogerlo. Al principio funcionó y Pascualita quedó agotada de dar vueltas cada vez más deprisa. Satisfecha, la abuela bajó la guardia y dejó que el terrón se mojara. La sirena notó en su paladar su sabor dulce, a pesar de lo salada que está el agua, entonces fue ella la que trazó un plan: empezaría nadando en superficie para, poco a poco, ir bajando hasta llegar al fondo con lo cual a la abuela no le quedaría más remedio que meter el terrón cada vez más adentro. Se fundiría y Pascualita se relamería de gusto.

    Cuando nos dimos cuenta de su engaño cambiamos el señuelo. Ahora le ponemos una gambita, de esas que se usan para pescar y al final, dejamos que se la coma. Lo hace pero nos mira con malos ojos y a veces  nos tira un chorrito de agua envenenada.

    La Cotilla cogió desprevenida a la abuela cuando aún empleaba el terrón de azúcar. - ¿Se puede saber qué haces? - "¡Eh!... Nada, nada... es que quiero saber cuanto... cuanto tarda el azúcar en fundirse" - Se ve que tens pocas feinas... - Para entonces Pascualita ya se había refugiado en el barco hundido. 

    A mediodía hemos ido a por unos pasteles para celebrar, de antemano, el éxito de la manifestación de ésta tarde en la cual Pascualita lucirá una nueva funda en su termo que la abuela le estuvo tejiendo ayer con los colores de la Senyera.

    El tapón del termo no estaba enroscado y a la sirena le ha sido muy fácil levantarlo y tirarse de cabeza a una bandeja llena de pasteles de merengue. Ha sido visto y no visto. De repente uno de los pasteles dió un bajón, lo que nos indicó que la sirena había vaciado el interior, en seguida la vimos reptar hacia el de al lado donde repitió la misma operación. Una señora pidió media docena de aquellos pasteles y  no podíamos permitir que se los llevara - "¡Perdone pero son para nosotras!. Los hemos pedido primero" - Imposible porque ustedes han llegado mucho después que yo - Las cuatro personas que iban antes que nosotras lo corroboraron - Nosotros también queremos pasteles de estos, así que tendrán que esperar su turno - "¡Imposible! Es cuestión de vida o muerte..." - ¿Qué diu ara aquesta? - ¡Quina poca vergonya que tenen! - "¡Mi hermano se muere y me ha pedido, como última voluntad, comer uno de estos pasteles para llevarse su sabor a la tumba" - ¡Ay, por Dios! - ¿Qué sera vere aixó?... Déselo... pobre hombre, que ideas tienen algunos ... pentura jo voldré tastar colque cosa mes... picant  en es derré moment jajaja.... - Las risas llenaron la pastelería y aproveché que no me oían para pedir la bandeja entera. Cuando calló el parloteo nosotras salíamos con los últimos pasteles de merengue de quedaban.

    Al llegar a casa urgué en todos ellos hasta dar con la golosa compulsiva. La tiré de mala manera al "acuario". Había echado a perder todos los pasteles y mi presupuesto. Me enfrenté a ella y la llamé "sirena asquerosa" porque la rabia me dominaba. La abuela fue a advertirme algo pero llegó tarde. El chorrito de agua acertó de lleno en mi ojo y he tenido que pasarme toda la tarde poniéndome gasas húmedas, tomando analgésicos y acordándome de la madre que la parió. En cambio la abuela y ella se han ido tan panchas a la manifestación. ¡Que vida más perra!

     

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