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Mi ¿amiga? Pascualita
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Blog Mi ¿amiga? Pascualita - Isabel JiménezBravo Llabrés

Isabel JiménezBravo Llabrés

Isabel Jiménez-Bravo Llabrés es una mujer, bastaría decir eso para definirla, pero por si queda alguna duda: es mujer, madre, abuela, amiga... conocida mundialmente por sus croquetas, ha decidido dar un paso más, compartiendo con quien quiera pasar un buen rato, las historias de su ¿amiga? Pascualit...

Sobre este blog de Cultura

"Mi ¿amiga? Pascualita" es un personaje entrañable a la par que desquiciante, que entra a formar parte, de una forma muy peculiar, de una familia nada común, pero en la que podemos identificar a miembros de nuestra propia familia. ...


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  • 02
    Abril
    2012

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    El soponcio

    La abuela ha vuelto de dar su paseo de una hora diaria. Por el camino va cogiendo ideas para la comida mirando los menús escritos en las pizarras de los restaurantes pero hoy venía preocupada - Hoy comeremos las sobras de ayer y un poco de pescado" - Me parece bien porque, desde que has montado en casa la Posada del Peine, todos los días tenemos invitados y eso no hay presupuesto que lo resista... - " He visto una cosa muy triste en un bar de General Riera que tiene la pizarra fuera. Pone: Se necesitan (¡Por fin!, un sitio donde ofrecen empleo, pensé pero luego, más abajo, ponía: ¡Clientes!)"

    - ¿Te has llevado a Pascualita? - "Claro. Tiene que hacer ejercicio" - En la pecera no está - "¡Qué!" - El tapón del termo había desaparecido junto con la sirena - Nos hemos pasamos media hora buscando bajo sillas y butacas pero no la hemos encontramos. La abuela estaba cada vez más nerviosa. Nos íbamos a la calle a buscarla cuando sonó el teléfono, era Andresito que quería ir con ella a comprar los pasajes para Londres - "¡Ahora no puedo. Tengo una emergencia en casa!... No te lo puedo decir y menos por teléfono pero es algo muy grave" - A pesar de que yo hacía aspavientos para que dejara de marear la perdíz, cada vez ponía la cosa más catastrófica hasta que lo estropeó todo echándose a llorar a moco tendido - "¡Buáááá... he perdido a Pascualita!" - Le tapé la boca con a mano e intenté quitarle el teléfono pero se defendió como una leona y me pegó una patada en la espinilla que me ha dejado coja para una semana. A lo lejos oía la voz alterada de Andresito: ¡¿qué te pasa, cariño. Qué te pasa?!

    En menos de lo que canta un gallo, Andresito se presentó en casa con el Municipal - ¿Qué hace éste aquí? - pregunté - Yo no quería pero me ha dicho éste señor que suba porque han sufrido un asalto - ¡De eso nada! - Ya le he dicho que no haga caso de las cosas que ocurren en ésta casa. Me voy. - ¡No! quédese. Habrá que indagar sobre lo qué ha pasado (Andresito estaba muy nervioso) - Mejor que no (el Municipal estaba loco por irse y la abuela había perdido el oremus) - "¡He perdido a Pascualita, buáááá...!" - No sabe decir otra cosa. ¿Es una amiga suya? - No es nadie - dije yo queriéndo quitar importancia al asunto - La que faltaba para el duro entró como una tromba - La puerta está abierta (me dijo a modo de disculpa) ¿Qué pasa aquí? - Nada hasta que ha llegado usted - ¡¿Cómo que nada?! (Andresito estaba fora corda) Atacan a tu abuela y dices que no pasa nada ¿qué clase de nieta eres? - Antes de que pudiera defenderme, la Cotilla salió en mi "ayuda" - Huy, si yo le contara. Es una condena lo que tiene su novia con ella. Una cruz que Dios le mandó para penar, vaya usted a saber qué crímenes - El Municipal y yo pusimos los ojos en blanco - ¿Por qué no la arresta? - le pedí.

    Fui a la cocina a por un vaso de agua para que la abuela se tomara una pastilla que la tranquilizara. Sobre la mesa estaba la compra que había hecho antes de subir a casa y una de las bolsas se movía. ¡Allí estaba Pascualita! en medio de un kilo de sardinas. Me puse el guante de acero porque el bicho no estaba de humor después de estar encerrada tanto tiempo y la metí en la pecera que escondí en la despensa y cerré la puerta con llave.

    El soponcio de la abuela era preocupante y Andresito, para evitar males mayores, acababa de pedir una ambulancia medicalizada. Cuando le llevé el agua le susurré al oído que la sirena estaba sana, salva y escondida. Fue mano de santo. La abuela se puso en pie de un salto ante el asombro de todos - ¡Qué bien que has venido, Andresito! Espera que me pinto los labios y nos vamos a la agencia de viajes - ¿Pero..., pero...? - balbuceaba. El Municipa que ya estaba curado de espanto, lo tranquilizó - Acostúmbrese a éstas cosas si piensa tener relación con éstas mujeres. Yo me voy. Quedarme aquí es perjudicial para mi salud - Tras él se fueron la abuela, taconeando alegremente y su novio al que le oí decir - ¿Qué vamos a hacer con la ambulancia? - No os preocupéis por esto - dijo la Cotilla - aprovecharé para pedirles que me tomen la tensión.

     

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