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Mi ¿amiga? Pascualita
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Blog Mi ¿amiga? Pascualita - Isabel JiménezBravo Llabrés

Isabel JiménezBravo Llabrés

Isabel Jiménez-Bravo Llabrés es una mujer, bastaría decir eso para definirla, pero por si queda alguna duda: es mujer, madre, abuela, amiga... conocida mundialmente por sus croquetas, ha decidido dar un paso más, compartiendo con quien quiera pasar un buen rato, las historias de su ¿amiga? Pascualit...

Sobre este blog de Cultura

"Mi ¿amiga? Pascualita" es un personaje entrañable a la par que desquiciante, que entra a formar parte, de una forma muy peculiar, de una familia nada común, pero en la que podemos identificar a miembros de nuestra propia familia. ...


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  • 11
    Diciembre
    2012

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    El "espíritu" ataca.

     - Abuela, los policía volverán hoy y esperan que no te escaquees o te llevarán presa. - "Será una experiencia interesante" - No te rías que son cosas muy serias. - "Si hay que ir al cuartelillo, se va, pero antes llamaré a la prensa. No quiero ser menos que los chorizos de traje y corbata que salen en las fotos... y que me avisen con tiempo para poder ir a la peluquería." - No sabes lo que pasó ayer. Tu querida amiga insinuó, con muy mal uva, que llevabas cenizas del abuelito en el termo de los chinos. - "¡Pero si no lo incineramos!"

    - ¡Avemariapurísimaaaaaaaaaaaaaaaaa! - "¿Dónde se supone que quemamos a mi marido?" - ¿Lo quemaste? - "No cambies de conversación." - Que yo sepa, no había horno crematorio. - "¡Exacto! entonces..." - Es que me muero de ganas de ver lo que llevas en el termo. "¡Cotilla, no me cabrees!" -  ¿Qué te cuesta decírmelo? - "Lo mismo que dejarte sin comer" - Esa es una cuchillada trapera... ¿qué tendrá que ver una cosa con la otra?

    Hasta la salita llegó el ¡chof! que hizo Pascualita al saltar con rabia, una y otra vez. Había oído gritar a su amiga y aprestaba para el combate. La Cotilla quiso ir a ver qué pasaba pero yo la frené. - Es el abuelito. Se ha pasado así toda la noche. Está furioso con vosotras, sobre todo con usted que fue quién le dió la puntilla. - Alarmada, se giró hacia la abuela -¡Porque tuviste que decir que abrieran su tumba! ¡Me voy! - No se libra una tan fácilmente de un alma en pena.

    Vinieron los policías y pusieron condiciones: Nada de chinchón, ni de café, ni de irse cuando les diese la gana. - Traiga el termo - Estaba vació y por más que lo miraron no vieron nada de interés - ¿Y las cenizas? - "Aquí no se fuma" - ¡Las de su marido! - "Hubiese tenido que trocearlo e ir metiéndolo en el horno de la cocina como un asado" - ¿Hiciste eso? - "Sabes que no" - Después de un rato de discusión, los policías acabaron entendiendo que lo de la incineración era algo bastante reciente en nuestra ciudad.

    El día avanzaba y allí no se aclaraba nada. La abuela y yo comimos sin invitar a nadie y luego nos sentamos a tomar café - ¿Me puedo sentar con vosotras? - imploró la Cotilla. A la hora en que la abuela se empieza a arreglar, fue a su cuarto y salió hecha un pincel - ¿A dónde cree que va? - chuleó uno de los agentes a los que ya les dolía la cabeza - "Al Funeral" - Lo siento pero... - "¡No puedo faltar!"

    La Cotilla echaba chispas. Entonces recordó que ¡la abuela no se había llevado el termo! Los policías pasaron de ella y se despidieron hasta el día siguiente - ¡No os vayáis! ¡Buscad ahora que no está porque, lo que sea, tiene que estar por aquí! - . En cuanto salieron fui a buscar a Pascualita. Llevaba el guante de acero por que el bicho estaba tan enfadado que, contínuamente, sacaba los dientes a pasear. Regresé a la salita y grité - ¡¡¡El abuelito, el abuelito!!! - La Cotilla, espantada, solo tuvo ocasión de sentir un golpe en la cara y unos dientecitos que se le clavaban con furia, entre ceja y ceja. La mujer lloró, gritó y pataleó y cuando, finalmente, pude coger a la sirena, tiré de ella y la metí en un bolsillo. ¡Que a gusto me quedé!. La vecina, convencida de que le había atacado el espíritu del abuelito, subió de tres en tres los escalones y se encerró en su casa a cal y canto. Y ahora, Pascualita y yo, saboreamos una copita de chinchón celebrando un trabajo bien hecho.

     

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