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Mi ¿amiga? Pascualita
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Blog Mi ¿amiga? Pascualita - Isabel JiménezBravo Llabrés

Isabel JiménezBravo Llabrés

Isabel Jiménez-Bravo Llabrés es una mujer, bastaría decir eso para definirla, pero por si queda alguna duda: es mujer, madre, abuela, amiga... conocida mundialmente por sus croquetas, ha decidido dar un paso más, compartiendo con quien quiera pasar un buen rato, las historias de su ¿amiga? Pascualit...

Sobre este blog de Cultura

"Mi ¿amiga? Pascualita" es un personaje entrañable a la par que desquiciante, que entra a formar parte, de una forma muy peculiar, de una familia nada común, pero en la que podemos identificar a miembros de nuestra propia familia. ...


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  • 03
    Febrero
    2012

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    ¡Dichosos recortes!

    Nada más levantarse la abuela se ha hecho una tisana con un buen chorro de coñac - ¿No estás bien? - y le ha dado un poco a Pascualita, que ya lo esperaba con la boca abierta. Más tarde ha colocado una olla de agua hirviendo con hojas de eucalipto sobre la mesa del comedor que se ha llenado de vaho - ¿Seguro que estás bien? - Luego se ha tomado un jarabe; leche con miel; ha hecho gárgaras; se ha tomado la temperatura, etc. Así ha estado toda la mañana - Pero, vamos a ver ¿qué te pasa? No pareces enferma - "Y no lo estoy. Lo que pasa es que estoy poniendo el parche antes de que salga el grano. ¡No puedo ponerme enferma!. ¿No te has enterado de los recortes que han hecho ¡y los que harán! en Sanidad?. Y menos mal que no soy parada de larga duración ni inmigrante sin papeles... Esta tarde, en El Funeral, voy a proponer que montemos un partido político: el SC = Sentido Común" - Crées que os votaría alguien? - "Supongo que tú y Pascualita..." - Ella no puede, es una sirena indocumentada - "Es verdad, pobrecilla, con lo lista que es... La Cotilla..." - ¿Es posible que alguien aparezca en cuanto se la nombra? Pues sí, porque la Cotilla apareció, como por arte de mágia, en el comedor - ¿Cómo ha entra...? ¡No me diga que tiene otra llave! - Sí, hija. Se me había quedado en el bolsillo del abrigo... ¡Ay! Estoy que no vivo en mí desde que mi pececito desapareció en la bañera rosa... ¿Puedo mirar otra vez, quizás se metió en el barco hundido y no sabe salir? - Cuando la Cotilla dice "puedo mirar" ya está mirando. Afortunadamente Pascualita estaba en la pecera, con agua templada, en la cocina.
    Blas no levanta cabeza. Está convencido de que es gafe (no lo pongo en duda) Empezó a trabajar y al día siguiente ya estaba en la calle: Spanair cerró por quiebra.¡También es mala pata!
    Para levantar los ánimos hicimos honor a la botella de chinchón y poco después ya resonaban las risas en casa. Unos toques imperiosos en la puerta las cortaron de raíz: ¡Abran. Policía!
    Los guardias venían a lo de siempre: descubrir al "monstruo" que, según todos los indicios, teníamos en casa. - Pasen, pasen - dijo la Cotilla - Yo soy la que ha puesto la denuncia - ¡Tendrá cara! y lo dice tan fresca ¡Abuela, no le des más chinchón! - Hasta los guardias la miraron mal. - "¿Quiéren una taza de caldo calentito? Con este frío les irá bien?" - Cuando la abuela volvió al comedor me fijé en el suave movimiento del bolsillo del delantal. Pascualita, de momento, estaba a salvo. Esta vez el registro fue más rápido y como siempre, infructuoso.
    La sirena no estaba cómoda y reptó hasta asomarse al exterior. Le llamó la atención el brillo de las esposas que colgaban del cinturón del guardia que estaba a su lado y saltó pero cálculo mal. Cayó al suelo y el hombre que la andaba buscando desde hacía tiempo y que nunca la había tenido tan cerca, le pisó la cola aunque, en el mismo acto reflejo, se apartó en seguida. Asustada, Pascualita reptó hasta el zapato y siguió hacia arriba trepando por los pantalones. Yo no le quitaba ojo mientras pensaba cómo podía rescatarla. Ella siguió subiendo hasta llegar a la entrepierna y como es lo más rencoroso que he conocido, supe lo que iba a hacer mientrs sentía que el suelo se hundía bajo mis pies. Clavó sus dientecitos de tiburón, inyectados de veneno, donde más dolor podía producir (¿cómo puede saberlo?). El alarido superó con creces al grito de Tarzán y mientras todos le miraban desconcertados, aproveché la ocasión para arrancarla de allí, lo que produjo un pequeño desgarro que aumentó los decibelios del grito.
    Por la tarde llamé a Jefatura para interesarme por él, al fin y al cabo había sufrido un accidente, inexplicable, en mi casa. La guardia que me contestó a duras penas podía contener la risa. - ¿Puede explicarme lo que estaban haciendo? jijiji- Tomando caldo... ¿Cómo está? - Dice su mujer que nunca lo había visto tan... tan hermoso jajajaja.

     

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