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Las siete esquinas
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Blog Las siete esquinas - Eduardo Jordà

Eduardo Jordà


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  • 28
    Abril
    2014

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    ¿Ya pasó lo peor?

    El otro día recibí una llamada de teléfono. Una cansada voz de mujer me anunciaba que yo había sido agraciado —ese fue el verbo que empleó— con un set de dos ollas a presión y una olla rápida. La mujer empezó a enumerarme las ventajas de aquellas ollas (con triple fondo difusor, además de cinco sistemas de seguridad y bloqueo automático de cierre), que serían mías si le daba mis datos y aceptaba presentarme en no sé qué reunión en no sé qué hotel. Estuve a punto de colgar de golpe, dejando a aquella mujer con la palabra en la boca, pero me pregunté cuántas veces le habían colgado ya durante aquella misma mañana. Y sobre todo, también me pregunté cuánto le pagaban por hacer aquello, y en qué condiciones la hacían trabajar, y desde dónde. Y por último —mientras la mujer seguía hablando de las asas de baquelita y del fondo termodifusor—, me hice una pregunta que siempre me hago cuando suena el teléfono y hay un desconocido al otro lado: quién es, dónde vive, cuántos hijos tiene (si los tiene). Y otras preguntas más extrañas aún: cómo se llama, qué ha hecho antes en la vida, qué estudios tiene (si los tiene), y cómo se presenta cuando alguien le pregunta en qué trabaja: en este casó, ¿técnico de marketing? ¿Vendedor de teletienda? ¿Consultor telefónico? ¿Empresario autónomo del sector servicios? Cualquiera sabe.

    Pero estos días he recibido otras llamadas. Dos o tres veces —no sé si era la misma agencia— me han preguntado si quería participar en una encuesta sobre... Antes de que pudieran explicarme sobre qué, he dicho que no y he colgado. En otra ocasión me han ofrecido un seguro de vida (alguien, Dios santo, se ha enterado de mi ya provecta edad), o bien, si lo prefería, un seguro universal de decesos (ahí ya he tenido que colgar con el pulso, digamos, tembloroso). Y luego ha habido más ofertas: de una entidad bancaria, de una empresa que iba a abrir no sé dónde y me invitaba a la inauguración, o de las inevitables empresas de telefonía que me ofrecían descuentos espectaculares si… He preferido no averiguar qué era eso que me iba a permitir un gran descuento en mi factura.

    Es muy raro que alguien te llame a tu casa para ofrecerte un negocio que le va a hacer perder dinero.


    Y luego está el buzón, esa otra bola de cristal para saber en qué sociedad vivimos. En estos últimos tiempos he estado recibiendo los papelitos de un adivino africano que se hace llamar Gran Maestro Espiritual Sanusiy, y que se ofrece para “ayudar a mejorar cualquier tipo de negocios si va mal y protección familiar y limpieza de energías”.

    El gran maestro Sanusiy también se ofrece para cosas más complicadas (“enfermedades crónicas de droga y tabaco, problemas judiciales, quitar hechizos y mal de ojos”), y aunque confieso que no me iría mal contar con su ayuda, prefiero no tener que contar con sus servicios (y eso que el Gran Maestro Espiritual me garantiza “atención personalizada y disponibilidad de desplazamiento o atención a distancia garantizado 100%”). Guardé el papelito del Gran Maestro Sanusiy junto a otro que dejó hace un par de años en el mismo buzón el Profesor Drame (que se proclamaba “Gran ilustre vidente africano”). No sé si el Gran Maestro Sanusiy y el Profesor Drame son la misma persona, aunque usan la misma clase de papelitos con la misma tipografía y la misma sintaxis un tanto desorganizada que usan algunos escritores experimentales. Tampoco sé si el Gran Vidente es un ingeniero químico que llegó hace años con sus papeles en regla, pero que ahora ha tenido que reciclarse en vidente, o si es realmente un inmigrante africano que llegó Dios sabe cómo y que ahora tiene que ganarse la vida de esta manera. Cualquiera sabe.

    Cuento todo esto porque cada vez hay más gente que dice que estamos saliendo de la crisis y que ya falta muy poco para que vuelvan los buenos tiempos. Pero esas llamadas no parecen indicar que los buenos tiempos estén de nuevo aquí. No sé qué opinará al respecto la mujer que vende por teléfono el set de ollas a presión, ni la otra mujer que vende seguros universales de decesos, ni todos esos teleoperadores que se pasan el día haciendo ofertas imbatibles a unos clientes que no quieren ni oír hablar de ofertas imbatibles. Pero lo que más me intriga es lo que pueda opinar el Gran Maestro Espiritual Sanusiy, ya que dice ser un hombre tan sabio. ¿Es cierto que ya se está acabando la crisis, maestro Sanusiy, gran vidente africano?

     

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