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Eduardo Jordà


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  • 26
    Junio
    2012

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    Una quiebra

    Quizá hubiera sido mucho más justo para todos que los bancos arruinados se fueran a pique, aunque eso hubiera significado que muchos ahorradores se quedaran sin su dinero. No lo sé. En realidad son injustas las dos alternativas, sobre todo cuando nadie pide cuentas a los gestores de esos bancos

     

    En la vida cambian muy pocas cosas. En diciembre de 1934 –hace mucho tiempo- quebró el Banco de Crédito Balear. El hecho no tendría nada de particular, si no fuera porque mi abuelo tenía sus ahorros en aquel banco y perdió una buena cantidad de dinero. Y no era dinero que hubiera ganado en una rifa, sino el dinero que había ganado trabajando muchos años, desde que empezó a trabajar de pinche de cocina en un restaurante de Marsella, cuando los mallorquines emigraban a Francia en el primer barco que podían coger en el puerto.


    El Banco de Crédito Balear (o ‘Es Crèdit’, como le llamaba la gente) era un banco sólido, fundado en 1872 por un grupo de industriales y navieros mallorquines que formaban parte del sector más emprendedor de la sociedad. En los años 20, Juan March quiso controlar el banco, y como no lo logró, tuvo que fundar el suyo propio, la Banca March. El Crédito invirtió –como muchos otros bancos locales de este país- en ferrocarriles y en industrias que abastecían a las pequeñas sociedades provinciales de la época.

    Pero en los años 30 las cosas empezaron a ir mal. Los administradores le concedieron todo el poder a un gerente (José María Madico) que empezó a invertir de forma alocada. Madico siguió emprendiendo operaciones de alto riesgo, hasta que vio que la situación era insostenible y huyó a París. Mi abuelo era amigo de Madico y quiso saber lo que pasaba. Antes de irse, Madico le dijo que podía confiar en el banco. En diciembre de 1934, cuando los nuevos administradores se dieron cuenta del agujero, el banco presentó suspensión de pagos.

    En aquella época no había fondos de garantías de depósitos, así que cundió el pánico: mucha gente tenía sus ahorros en ‘Es Crédit’. Madico, por esas fechas, se suicidó en París, cosa que demuestra que al menos los banqueros antiguos tenían un mínimo sentido del honor: de los banqueros actuales con historiales ruinosos no se tienen noticias ni de uno solo que se haya hecho un leve corte en la mejilla mientras se afeitaba. Pero el suicidio del gerente del Crédito no les sirvió de nada a los ahorradores.

    Cuando un consorcio bancario se hizo cargo del Crédito Balear, sólo se les devolvió un 20% del dinero. Mi abuelo se quedó sin sus ahorros, que no eran mucho dinero, pero sufrió una terrible pérdida moral y un grave desprestigio social. En aquella época se vivía para ahorrar, y perder los ahorros de toda una vida significaba haber fracasado por completo. Que yo sepa, mi abuelo nunca se repuso de aquella pérdida, sobre todo porque se había fiado de un amigo que al final lo traicionó.


    Cuento todo esto porque no hay nada más parecido a las actuales quiebras bancarias que las quiebras bancarias de hace setenta años. ‘Es Crèdit’ era una institución sólida y bien gestionada, hasta que sus administradores se dejaron llevar por la desidia y el exceso de confianza y entregaron todo el poder de gestión a un solo hombre, el amigo de mi abuelo que tuvo que huir a París y prefirió suicidarse antes que enfrentarse al escándalo. Incluso el expediente judicial que cuenta la quiebra del Banco de Crédito Balear demuestra que todo sucedió de un modo idéntico al de ahora: hubo ingeniería financiera, aunque muy rudimentaria -como correspondía a una época en la que cien mil pesetas (600 euros de ahora) eran una cantidad astronómica-, y también hubo falsificación de cuentas y un endeudamiento colosal en francos franceses que se mantuvieron ocultos en una contabilidad paralela.

    Esta historia, tan parecida a tantas otras, explica muy bien el terror a la quiebra de un banco que está grabado en nuestro inconsciente colectivo. Y supongo que este mismo terror explica por qué no se dejó quebrar en su momento a la primera caja de ahorros que tuvo problemas muy serios, Caja Castilla-La Mancha. El gobierno de entonces se empeñó en mantenerla a flote, y eso mismo ha hecho el gobierno actual con los demás bancos que han ido quebrando después (aunque la palabra no se use nunca y se inventen subterfugios).

    Quizá hubiera sido mucho más justo para todos que los bancos arruinados se fueran a pique, aunque eso hubiera significado que muchos ahorradores se quedaran sin su dinero. No lo sé. En realidad son injustas las dos alternativas, sobre todo cuando nadie pide cuentas a los gestores de esos bancos. Pero tengo la impresión de que el rescate financiero que ayer se pidió de forma oficial tiene su origen en el pánico a perder nuestros ahorros por la quiebra de los bancos. El Estado, a diferencia de lo que ocurría hace setenta años, ha querido garantizar la solvencia bancaria. Y repito que en cierta forma ha hecho bien. Pero uno se pregunta si es justo que haya pasado esto, a pesar de la gente que hubiera podido perder su dinero, como le pasó a mi abuelo en diciembre de 1934, hace ya un montón de años.

     

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