Blog 
Las siete esquinas
RSS - Blog de Eduardo Jordà

El autor

Blog Las siete esquinas - Eduardo Jordà

Eduardo Jordà


Archivo

  • 03
    Julio
    2012

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    Sutileza contra españolía

    Nuestra selección de fútbol ha actuado siempre con inteligencia y sutileza, y nunca con improvisación ni dejadez ni chulería. Pero la historia reciente de nuestro país es otra cosa muy distinta. Pensemos en lo escasísima inteligencia que hemos visto en estos últimos años, y basta pensar en los nombres de Aznar, Zapatero y Rajoy

    Lo leí no sé dónde. En 1948, un dirigente de la Federación Española de fútbol entró en el vestuario de la selección, que iba a jugar un partido con Suiza, y se puso a arengar a los jugadores. El buen hombre terminó así su discurso (o lo que fuera): “Ya lo sabéis: con dos cojones y españolía”. No sé cómo terminó el partido, pero imagino que acabó en derrota. Con dos cojones y españolía se pueden hacer muchas cosas, pero todas mal.
    Y ahora detengámonos un momento en ese portentoso concepto de “españolía”, que se supone un destilado de las supuestas virtudes españolas. Hasta la persona más necia debería saber que las virtudes —como cualquier otra cualidad o defecto— no pueden pertenecer a un colectivo humano, sino tan sólo a individuos que actúan con autonomía unos de otros. Pero lo curioso del caso es que nuestra historia reciente demuestra que existe la españolía, sólo que cuando se trata de hacer las cosas mal. Si por “españolía” entendemos individualismo, descoordinación, despilfarro, imprevisión, deshonestidad, inmoralidad pública y estupidez generalizada, es muy posible que nunca nos hayamos apartado de ella. Y eso es justo lo contrario de lo que ha hecho la selección de Vicente del Bosque y la mejor generación de futbolistas de nuestra historia. Desde 1998, la selección ha actuado siempre con inteligencia y sutileza, y nunca con improvisación ni dejadez ni chulería.

    Pero la historia reciente de nuestro país es otra cosa muy distinta. Pensemos en lo escasísima inteligencia que hemos visto en nuestra vida pública en estos últimos años, y basta pensar en los nombres de Aznar, Zapatero y Rajoy, por no hablar de Montilla o Chaves o esos otros líderes regionales que ni siquiera sabemos cómo se llaman. Y pensemos también en la escasísima sutileza que se ha visto entre nosotros, ya que no hemos sido capaces de llegar a unos consensos imprescindibles ni en Justicia ni en Educación ni en casi ningún otro asunto, ni siquiera cuando todo el país estaba —o está— al borde de la bancarrota. Y pensemos, además, en las leyes que rigen nuestra vida, y que están hechas justo en contra de todo lo que signifique inteligencia o sutileza o talento.
    Pensemos, por ejemplo, en unos impuestos que penalizan a las clases medias y benefician de forma ostensible a los que más tienen. O pensemos en la Logse que dirige la educación de los jóvenes, en la que no hay nada que premie el esfuerzo, el talento, el sacrificio o la modestia. Ya sabemos que los futbolistas de esta selección se han educado con la Logse, pero lo bueno del caso es que su vida profesional ha tenido que adaptarse a unos principios antagónicos a los que aprendieron en la escuela. Según los principios de la Logse, Xavi Hernández o Andrés Iniesta no habrían llegado ni a recogepelotas, pero la Logse sigue vigente y es probable que lo siga estando durante muchos años. Lo lógico sería llegar a un gran acuerdo político que estableciera una nueva ley educativa aceptada por todos. Y esa ley no debería construir la casa por el tejado, como hace la Logse, sino que debería fundarse en el aprendizaje de la lectura comprensiva y de las matemáticas. Y esa ley educativa debería tener en cuenta la imaginación, la belleza, el trabajo en equipo y la necesidad de aprender de los errores. Pero esa nueva ley no se hará nunca. ¿Por qué? Porque prevalecerá aquel viejo principio de los dos cojones y la españolía. Seguro.

    Y los asuntos podrían ser infinitos. ¿No es pura y rampante españolía que un sindicato nacionalista de profesores califique, ¡ante el Parlamento europeo!, de “etnocidio lingüístico” las últimas medidas del PP sobre el conocimiento del catalán en Balears? ¿No es pura españolía que se hayan construido cientos de edificios costosísimos en todo el país, sin tener previsto para qué iban a servir ni cómo se iban a mantener? ¿No es pura españolía que miles de alumnos de ESO no sepan redactar una frase muy sencilla con sujeto, verbo y predicado? ¿Y no es una magnífica lección de españolía, y con dos cojones, además, que nadie se haya preocupado de investigar a los directivos que se enriquecieron al mismo tiempo que hacían quebrar las cajas de ahorros con una gestión calamitosa? O sea que podemos soñar con los éxitos de la selección de fútbol, pero nuestra vida diaria seguirá haciéndose con los fracasos de siempre.

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook