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Eduardo Jordà


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  • 23
    Abril
    2013

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    ¿Juníper o Junípero?

    Cualquiera que conozca el funcionamiento del cerebro debería saber que estudiar en dos lenguas no es una imposición fascista sino un privilegio

    Este año se celebra el tercer centenario del nacimiento en Petra de Fray Junípero Serra. Según he leído, hay un proyecto por parte del Govern de celebrar “l’Any Juníper Serra”, y entonces caigo en la cuenta de que fray Junípero ha pasado a convertirse en Fra Juníper, de modo que muchos jóvenes pueden llegar a creer que fray Junípero —o fra Juníper— escribió sus diarios de las misiones californianas en catalán, por ejemplo, cuando en realidad los escribió en castellano (y en un muy buen castellano, dicho sea de paso). Y según todos los testimonios, Fray Junípero también predicaba en castellano a los indios de sus misiones, tanto en el centro de México como en lo que entonces se llamaba Alta California y ahora es simplemente California, donde Fray Junípero murió en 1784 y ahora está enterrado. Así que me pregunto en qué quedamos con el nombre de Fray Junípero: ¿le ponemos un nombre esdrújulo o un nombre llano? ¿Junípero o Juníper? ¿Castellano o catalán?

    De entrada, el propio fray Junípero ya no está aquí para decirnos cómo le gustaría que le llamasen, y en el fondo tengo la impresión de que le daba igual, porque había visto demasiado de cerca la cruda realidad de la vida como para darle importancia a estas cosas. De todos modos, hay dos hechos que son indiscutibles. El primero es que el niño Miquel Serra Ferrer que nació en Petra tenía como lengua materna el catalán. Y el segundo es que ese niño se hizo fraile franciscano y eligió el nombre religioso de Fray Junípero —en honor a uno de los primeros compañeros de san Francisco de Asís—, y luego fue catedrático de Teología en Palma, pero después se cansó de la vida sedentaria y quiso dedicarse a las misiones, y entonces se fue a México y luego se propuso evangelizar California, y allí escribió sus diarios y sus informes de las exploraciones que llevó a cabo en la expedición del gobernador Gaspar de Portolá.


    Yo estoy convencido de que Fray Junípero —o Fra Juníper— no tenía ningún problema en usar las dos lenguas, sino más bien todo lo contrario, así que le gustaba charlar en catalán con los frailes mallorquines Joan Crespí y Francesc Palou, que eran sus compañeros de expedición, igual que conversaba en catalán con el gobernador Portolá (que era leridano) o con otro militar catalán, Pere Fages, que era el jefe naval de la expedición. Pero luego Fray Junípero —o Fra Juníper— no tenía ningún problema en escribir sus cartas o sus informes oficiales en castellano, lo mismo que usaba el castellano para sus sermones religiosos a los indios. Y si Fray Junípero no usó el catalán para sus diarios, que al fin y al cabo eran textos privados, sólo fue porque nadie le había enseñado a escribir en catalán, y además el catalán escrito era una lengua casi inexistente en el siglo XVIII, más allá del teatro satírico que se representaba en las fiestas rurales o de los poemas populares que se recitaban pero no se imprimían. Porque el siglo XVIII, en catalán, sólo produjo los extraños diarios del hipocondríaco Baró de Maldà.

    Digo todo esto porque el caso de Fray Junípero —o Fra Juníper— podría servir para aclarar un poco las cosas en la polémica lingüística —la milésima ya— que ha desencadenado el proyecto de uso de lenguas de la conselleria d’Educació. Cualquiera que conozca un poco el funcionamiento del cerebro debería saber que estudiar en dos lenguas no es una imposición fascista ni un genocidio lingüístico, como mantienen los histéricos y los fanáticos de siempre, sino un privilegio del que cualquier persona sensata debería sentirse orgullosa. Otra cosa es lo del uso del inglés, que tal como están las cosas es pura ciencia ficción porque no hay profesores capacitados. Y otra cosa —o más bien otro disparate— es lo de la “llengo baleà”, que es una aberración científica que nunca debería entrar en las aulas. Pero el hecho de que se enseñe “en” dos lenguas, y no sólo en una, no es un retroceso ni nada por el estilo. Y el caso de Fray Junípero —o Fra Juníper— debería servirnos de ejemplo.

     

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