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Eduardo Jordà


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  • 11
    Junio
    2013

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    Especialmente bueno

    Todavía no conozco a nadie que sienta antipatía por Nadal o que manifieste alguna clase de duda o de crítica hacia el tenista

    Según Toni Nadal, el entrenador y tío de Rafa Nadal, el tenista de Manacor no se considera especialmente bueno. Eso es algo que ya sabíamos desde hace tiempo, porque si se hubiera considerado el mejor o si se hubiera dejado vencer por esa peligrosa voz interior que te dice que eres imbatible –esa voz que susurraba al oído de César o de Napoleón-, Rafa Nadal no habría ganado ni la mitad de lo que ha ganado hasta ahora. Todavía no conozco a nadie que sienta antipatía por Nadal o que manifieste alguna clase de duda o de crítica hacia el tenista, si dejamos aparte los profesionales del odio y del resentimiento hacia toda criatura viviente que destaque en algo o que haya demostrar hacer bien alguna cosa. Y por alguna razón, Nadal cae bien a todo el mundo. A veces uno siente desconfianza ante tanta unanimidad, pero en el caso de Nadal no parece que haya motivos para mostrarse incrédulo o receloso. Más bien todo lo contrario.


    Sé que hace años le quisieron sacar no sé qué historias con Hacienda, porque tenía unas sociedades domiciliadas en el País Vasco, pero no parece que aquello tuviera mucha trascendencia ni acabara en ninguna prueba incriminatoria. De hecho, el año pasado Nadal afirmó que tenía su domicilio fiscal en Mallorca y que había pagado veinte millones de euros en impuestos. Sí, ya sé que si uno paga esas cantidades es que ha ganado mucho dinero, pero ese dinero no se lo ha robado a nadie ni ha sido obtenido por medio más o menos ilícitos, como tantas otras fortunas que han ido apareciendo por todas partes en estos años. Nadal ha ganado ese dinero jugando torneos, y entrenando sin parar, y esforzándose día y noche, y no perdiendo nunca la cabeza porque siempre seguía pensando que no era el mejor, por muchas razones que tuviese para creer lo contrario. Y en estos tiempos en que nos preguntamos qué es lo que está fallando en nuestro sistema educativo, convendría recordar que según los métodos establecidos por la Logse, Rafa Nadal no habría llegado ni a recogepelotas. Los que critican cualquier clase de reforma educativa harían bien en reflexionar un poco sobre estas cosas.


    Por cierto, he escrito Rafa Nadal, y no Rafel Nadal o Rafael Nadal, porque la web oficial del tenista lo llama así, Rafa Nadal. Y me gusta llamar a la gente como cada uno prefiere que le llamen. Una de las cosas que más me molesta es que te cambien el nombre por razones que nunca se sabe a qué se deben –o sí, porque siempre se refieren al odioso conflicto lingüístico-, y que a alguien que quiere ser Jaime le llamen Jaume, y al revés, que a un Jaume se empeñen en llamarle Jaime. En los dos casos se trata de una intromisión en la vida privada de cada uno que resulta intolerable, porque cambiándote el nombre, o transformando un acento, te pueden convertir en alguien con quien tú no estás del todo de acuerdo y que en realidad no eres tú. Y en este sentido, Rafa Nadal no es lo mismo, por ejemplo, que Rafel Nadal i Parera, un nombre que tiene determinadas connotaciones que a nadie se le escapan, pero que no parece ser el que Rafa Nadal elige ni con el que se siente más cómodo. Por supuesto que no habría nada malo en ese nombre si él lo hubiera elegido como el que más le gusta o con el que se siente más identificado, pero no ha sido así. Y si ha elegido Rafa Nadal, en vez de Rafel Nadal o de Rafael Nadal, respetémoslo y dejémoslo como él quiera.


    Cuando pienso en tenistas, siempre se me aparece el rostro colérico de McEnroe, que parecía sufrir un ataque de rabia y estaba a punto de arrancarle una pierna al juez de silla, o los desplantes de Ilia Nastase, o el hieratismo de Lendl –que ganaba aburriendo al rival a base de repetir ocho veces el mismo golpe-, o Sampras, que parecía estar comprando en el súper en vez de jugar un partido. Sí, ya sé que también hemos tenido al elegante Bjon Borg o al gran Wilander, o al maravilloso Rod Laver –pero eso fue hace siglos–, y cuando uno piensa en Nadal –que sigue sin creerse especialmente bueno, cuando todos sabemos que lo es-, alegra saber que hay gente como él circulando por el mundo. Entre tanto cínico y perdonavidas, entre tanto desvergonzado que va por ahí exhibiendo lo que no tiene, es bueno saber que hay gente como Nadal. Puede parecer poca cosa, pero no lo es en absoluto.

     

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