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Eduardo Jordà


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  • 03
    Septiembre
    2013

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    ¿Derecha o izquierda?

    Hay otro asunto que no vale la pena discutir, porque está tan claro que es inútil dedicarle un segundo de nuestro tiempo: el cristianismo es de derechas y el Islam es de izquierdas

    ¿Por qué se supone que es de derechas colgar una bandera española en un centro público de enseñanza, y en cambio se supone que es de izquierdas colgar una bandera catalana? Si se piensa bien, los centros de enseñanza deberían estar libres de banderas de cualquier clase, pero nuestra extraña fascinación por las simplificaciones ideológicas nos lleva a pensar que algunas banderas son más opresivas que otras, o más livianas, o más favorables a la cultura y a la educación y al desarrollo intelectual de los alumnos. Y eso, se mire como se mire, es una tontería.

    Y lo mismo ocurre con muchos temas que por alguna razón parecen catalogados para siempre como de derechas o de izquierdas. Veamos el caso de Gibraltar, por ejemplo, ese extraño lugar con silueta de dinosaurio que vive del fraude fiscal y del blanqueo de capitales, pero que por alguna razón misteriosa se considera a salvo de cualquier clase de crítica, no vaya a ser que nos tomen por un facha con el pelo engominado y con la correa del perro decorada con una vistosa bandera española. Y sí, de acuerdo, todo eso es cierto, y los fachas siguen empeñados en gritar “¡Gibraltar español!”, igual que hacían en los tiempos de Franco, pero se supone que la izquierda, al menos la izquierda racionalista e ilustrada (no hablo de la izquierda folclórica que se pasa la vida tocando la gaita o la “xeremia”), debería considerar que un lugar que vive del fraude fiscal y del blanqueo de capitales no puede ser defendido con ninguna clase de argumentos. ¿O no? Pero por mucho que busquemos, es imposible encontrar a un solo izquierdista que en sus ratos libres, mientras deja de tocar la gaita o la “xeremia”, le dedique dos segundos de su tiempo a esa clase de reflexiones. No, eso es imposible, porque Gibraltar no es nada más que una obsesión franquista, y ya sabemos que el buen izquierdista sólo sabe vivir si está en guardia permanente contra las obsesiones de los franquistas, aunque esos franquistas tengan ya 108 años y estén tan momificados como el brazo incorrupto de Santa Teresa.
    Y por supuesto, si reivindicar la soberanía de Gibraltar es de derechas, reivindicar la independencia de Cataluña es de izquierdas. Ahí tenemos otro dogma inamovible aceptado por todo el mundo, y el buen izquierdista se dejará cortar una oreja —o incluso alguna cosa más— antes de reconocer que la independencia de Cataluña, al grito de “Espanya ens roba”, es un deseo pequeñoburgués defendido por un montón de pequeñoburgueses que profesan ideas pequeñoburguesas y persiguen objetivos pequeñoburgueses. No hay ni un atisbo del viejo internacionalismo proletario en el ideario independentista, ni tampoco la más mínima idea de solidaridad o de justicia social, pero todo eso da igual. La independencia de Cataluña es de izquierdas, porque los españoles son un pueblo bárbaro y cerril y totalitario, mientras que los catalanes son abiertos y civilizados y cultos y tolerantes. Y eso no tiene vuelta de hoja.

    Y hay otro asunto que tampoco vale la pena discutir, porque está tan claro que es inútil dedicarle un segundo de nuestro tiempo: el cristianismo es de derechas y el Islam es de izquierdas. Y ahí no es posible encontrar ni un solo desacuerdo ni una sola contradicción. Cualquier cura pederasta o cualquiera obispo bocazas es mil veces peor que el más bruto de los talibanes que lapidan a una mujer porque la han visto hablar con un hombre que no era su marido o que ahorcan a un homosexual porque le han encontrado una foto comprometedora. Todo eso es indiscutible. Y el buen izquierdista, sea cual sea la situación, concentrará su odio en el cristianismo y en los curas y en los obispos, y hará todo lo posible para disculpar al talibán o al yihadista, ya que al fin y al cabo es pobre y está oprimido y es una víctima inocente, aunque equivocada, del capitalismo y del imperialismo. De modo que no hay duda: si alguien habla bien de la España del Cid o de los Reyes Católicos, es un asqueroso retrógrado de derechas. Pero en cambio, si alguien ensalza la maravillosa libertad que se disfrutaba en Al-Ándalus o en Medina Mayurqa, se trata sin duda de un lúcido y honesto pensador de izquierdas. Todo está muy claro. Tanto, que no sé por qué perdemos el tiempo hablando de estas cosas.

     

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