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Las Estaciones y Los Días
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Israel Olivera

Periodista. Del norte al sur.

Sobre este blog de Mallorca

De lo cultural, de lo político y de lo social


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  • 16
    Abril
    2012

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    Cuando despertó, el elefante todavía estaba allí

    Las conspiranoias adjudicaron al rey un nombre clave en el desarrollo del golpe de estado del 23F. Elefante Blanco. Esa figura en la sombra que presuntamente alentó desde los recónditos pasillos del poder a los golpistas para intentar desbaratar la democracia en pañales y afianzar la figura del monarca como salvapatrias de postín.

    Más de treinta años después la testa coronada topa de nuevo con un elefante en un error de cálculo y de sensibilidad que le calza un traje perfecto como responsable del estado y como persona.  En tiempos aciagos, con la reforma laboral más cruda y abyecta desde los tiempos proletarios, con una crisis brutal que somete a sus súbditos constitucionales a una vida repleta de reajustes, carencias y privaciones, con un futuro de tormentas inciertas el ciudadano Borbón paga  40.000 euros del presupuesto de la Casa Real por el derecho a cazar un elefante (gastos de desplazamiento, alojamiento, etc, aparte).

    El accidente ha hecho público el secreto a voces de este desplazamiento sudafricano en pos del elefante, del que ya se hablaba en los corrillos por su ausencia en las visitas al malherido nieto Froilán. Si el monarca no se rompe la cadera, su cacería habría sido solo un rumor de los paranoides republicanos de los periodistas correveidiles que quieren lanzar torpedos contra la línea de flotación de la monarquía.

    El problema, por tanto, radica en la actitud real, en la falta de compromiso, de responsabilidad y de sensibilidad con su jefatura de estado y, por ende, con la ciudadanía. El murmullo, ya voz en cuello, que se oye en la calle no habla de la mala pata del monarca y del chascarrillo, sino que a las conversaciones se le añade un dejo de regusto ácido, de cabreo. Algo así como:  - Con la que está cayendo el Rey se marcha a Sudáfrica a matar elefantes. Y esto entre el comadreo del café matinal, porque por primera vez algunos políticos ponen en solfa la actitud real. Tal es el caso de los socialistas Tomás Gómez (que llegó a hablar de abdicación) y de Patxi López (que insinúa que el Rey debe pedir disculpas).

    La Monarquía, una institución obsoleta y caduca, perfectamente antidemocrática en su sentido último, está tocando fondo. Urdangarín prendió la mecha. El Rey alimenta la llama.

    Cuando el monarca despierte del sueño morféico de las anestesias, se percatará, a su pesar de que el elefante todavía está allí.

     

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