Blog 
Las Estaciones y Los Días
RSS - Blog de Israel Olivera

El autor

Blog Las Estaciones y Los Días - Israel Olivera

Israel Olivera

Periodista. Del norte al sur.

Sobre este blog de Mallorca

De lo cultural, de lo político y de lo social


Archivo

  • 12
    Mayo
    2012

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    15M, la revolución que no fue

     El 15M levantó los adoquines para ver si debajo estaba la playa y se encontró solo con más adoquines.

    El movimiento de indignación que sacudió la conciencia colectiva de la ciudadanía hace un año fue un intento de rebelión ciudadana que quiso ser tan puro en su concepto de inspiración asamblearia que terminó diluyendo su contenido entre tantas voces y comités.

    Los movimientos sociales, para ser visibles, necesitan corporeidad dentro del sistema, un entramado jurídico que les dote de estructura, con rostros reconocibles al frente. De lo contrario,  solo se mostrarán ante los escépticos, incrédulos y cínicos como una masa informe de gentes que toman las calles. De ahí a aceptar su represión y disolución por la fuerza solo hay un paso. Por esta razón, por la complejidad en sí misma del movimiento, de sus diferentes extracciones sociales e ideológicas, por la falta de una voz común, por la defenestración a la que fue sometido el 15M por un sector mediático, por el uso interesado que la izquierda política hizo de sus mensajes, por las luchas internas por el poder de encabezar la revuelta social, un año más tarde, apenas una sombra de aquella conciencia colectiva recorre algunos barrios de las grandes ciudades.

    Ante una incapaz clase política que corría como pollo sin cabeza ante una crisis económica cada día más profunda, más global, más intensa, una parte de la ciudadanía reaccionó. Y quiso mostrar de manera pública lo que hasta el momento había sido rabia privada. La indignación tomó forma en las redes sociales y desembocó en manifestaciones y asambleas multitudinarias con  un eje central que fue la Acampada de Sol, símbolo de un movimiento social hasta entonces inaudito.

    Las reivindicaciones eran aparentemente sencillas: mejorar el funcionamiento del sistema democrático y equilibrar el abismo creciente de la desigualdad. Dos axiomas que a la postre quedaron en agua de borrajas y toparon en su camino con dos enormes engranajes, conciliábulos del poder, los partidos políticos y la banca.

    La izquierda progresista se sirvió del espíritu del 15M para buscar calado social en su programa e intentar atraer con melifluas artes al posible votante de aquella marea indignada. El PSOE perdió esta batalla frente a Izquierda Unida, que incluso tuvo la osadía de hacer propio el mensaje indignado en su eslogan de campaña: Rebélate. Por otra parte en Génova, el PP se frotaba las manos y dejaba pasar el tiempo, permitiendo que el movimiento se cociera en su propio caldo.

    Un año más tarde las asambleas de barrio promovidas por el 15M continúan. La efectividad de sus decisiones resulta una incógnita. El movimiento permanece vivo en las redes sociales, pero vivir en la red no es vivir. Se han paralizado en este tiempo un buen puñado de desahucios, pero al final, la ley aplica su fuerza jurídica e irrumpe con virulencia legal en las casas.

    Los cínicos aseguran que el 15M nunca sirvió para nada.

    La derecha mediática atenta de manera permanente con soflamas despectivas hacia los perroflautas, minimizando la importancia de sus concentraciones, buscando la ridiculización.

    Los partidos políticos de la izquierda han recogido velas e incluso los más beneficiados han dejado de lado al movimiento una vez arañados aquellos votos.

    Pero el 15M abrió una puerta a la voz de la ciudadanía harta de la manipulación económica, de las desigualdades sociales, de los privilegios de la clase política, de los intereses espurios de la banca, de la falta de empleo digno, de los precios exorbitados de la vivienda, de la falta de transparencia política.

    Una voz que removió a una ciudadanía apática y en estado de shock.

    Una voz que ayudó a recordar a muchos ciudadanos y ciudadanas que bajo aquellos adoquines, una vez, sí estuvo la playa.

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook