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Daniel Capó


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  • 28
    Enero
    2014

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    Las primarias socialistas

    La renovación de un partido político no consiste exclusivamente en la convocatoria de primarias, aunque éstas puedan ayudar a renovar un partido. Lo contrario también es posible, como puso de manifiesto el caso de Rodríguez Zapatero. El candidato natural era Joaquín Almunia, un secretario general tan previsible como sólido, tan escaso de imaginación como centrista. Fracasó en las generales, después de la exitosa primera legislatura de José María Aznar  -crecimiento económico y entrada en el euro, moderación y equilibrio fiscal-. Después ya sabemos lo que sucedió  -con las Azores de fondo- y también sabemos lo que ocurrió en el PSOE. Los candidatos alternativos se reproducían como setas, sin ningún TAC preventivo. ¿Se imaginan a José Bono en la Moncloa? Yo no. O sí. Pero no me hubiera gustado. A su lado, Zapatero surgía como una figura de una modernidad opaca, cuya retórica de republicanismo cívico, pactos de Estado y economía innovadora buscaba atraer a los segmentos urbanos. Frente a la sobredosis inmobiliaria, la I+D; frente a la alianza con EE UU., un regreso al corazón de Europa; frente a la privatización del Estado del Bienestar, una mejor gestión del sector público; frente a las tensiones territoriales, una reforma de los Estatutos de Autonomía. Sin embargo, pronto se demostró que era un discurso hueco hasta la caricatura. Hubo un retorno a Europa pero no a su centro; se detuvieron las privatizaciones pero la gestión del sector público no mejoró. La construcción siguió reinando al albur de una demanda crecida artificialmente gracias a los bajos tipos de interés y las tensiones autonómicas no se disiparon sino que se exacerbaron. Parece una maldición de nuestro país el no contar con figuras políticas de rango ejemplar.    
    El socialismo español del futuro sólo puede articularse borrando de su ADN la frivolidad de Zapatero. Este es un axioma aplicable con precisión quirúrgica al PSIB. Las primarias en Baleares se abrirán a los simpatizantes en un raro alarde de apertura democrática, actitud que sólo merece elogios. Su impacto será mayor cuanta más participación logre aglutinar y cuánto más limpio sea el proceso. De los tres candidatos posibles                     -Mesquida, Calvo y Armengol-, sólo la exalcaldesa de Palma ofrece posibilidades de sorpresa. Armengol se mimetiza con la coalición Més y su línea de argumentación raramente supera el nivel de eslogan. Si bien cuenta con un apoyo notable en la Part Forana, cabe preguntarse si dispone del suficiente gancho electoral en Palma. Joan Mesquida es un caso digno de estudio: después de ser Conseller de Economía en el primer Govern de Francesc Antich y Director General de la Policía Nacional y de la Guardia Civil; después de trabajar con Miguel Sebastián en el Ministerio de Industria, de alternar con José Bono y no se sabe cuántas cosas más, ahora se declara un outsider del partido. No siempre las mistificaciones resultan creíbles. A favor de Aina Calvo juega el hecho de ser la candidata con más posibilidades frente al PP de Bauzá y el disponer de una voz propia -a veces rígida en sus planteamientos- que recupera algunas de las preocupaciones tradicionales de la socialdemocracia europea.

    Sin embargo, más allá de la imagen pública de los candidatos, lo crucial son los equipos y las ideas. ¿Cómo congeniar con el votante tradicional del PSOE que no vota en las autonómicas? ¿Se trata de un apuesta de centro -y, por tanto, capaz de tender puentes entre las distintas sensibilidades ideológicas- o de un nuevo movimiento pendular de la corrección política? ¿Se puede aspirar a la excelencia en Salud y Educación con presupuestos a la baja? ¿Están a favor o en contra de incrementar la carga tributaria? ¿Quieren más o menos libertad económica? ¿Qué hacer con una tasa de paro que abrasa el porvenir de los más jóvenes? ¿Y cómo mejorar los controles democráticos y la calidad de las instituciones? Todas estas son cuestiones importantes que deberá responder el PSIB-PSOE, al igual que el PP o cualquier otro partido con aspiraciones de gobierno.

    Mirar hacia el futuro y no hacia el pasado, unir más que dividir, apostar por la solidez de los equipos en lugar de fijarse en las credenciales del carné me parece más urgente que nunca. En eso consiste básicamente la renovación. 

     

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