Blog 
Las cuentas de la vida
RSS - Blog de Daniel Capó

El autor

Blog Las cuentas de la vida - Daniel Capó

Daniel Capó


Archivo

  • 28
    Marzo
    2012

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    El crepúsculo de los dioses

    Creo que sólo he coincidido en una ocasión con Jaume Matas y fue hace veinte años, en el vetusto Lluís Sitjar. Matas, que acababa de ser nombrado Conseller d’Economia, estaba junto a otra de las figuras emergentes del momento, Catalina Cirer. No recuerdo muy bien cuál era el resultado del partido, pero sí que decidí marcharme un poco antes de que finalizase. Justo entonces, cuando me disponía a salir, oí a mis espaldas el grito jubiloso de un gol. Me giré y a mi derecha estaba sentado el joven conseller, con uno de sus hijos, al que besaba en la mejilla. Le pregunté quién había marcado el tanto, pero no me respondió, sólo me miró de soslayo. Lancé de nuevo la pregunta y fue Cirer, eufórica, la que contestó.

    Unos años después —yo no vivía aquí entonces—, Matas fue investido Presidente de la Comunidad. Para los que habíamos crecido en el cañellismo, el discurso del nuevo President se presentaba con una fuerza modernizadora y reformista. Pasábamos del ball de bot y del arròs brut al horizonte digital del Parc Bit. Se trataba de un cambio de eje, con un líder hiperactivo que aparentaba representar el enganche con una clase media urbana de orientación más europea y civilizada. Pienso, por ejemplo, en la retórica medioambiental que utilizaba —seguramente heredada de Soler— o en la megalomanía de querer convertir a Mallorca en una especie de Sillicon Valley del Mediterráneo. Más tarde, con el paso de los años, se fue separando el grano de la paja y se puso en evidencia la auténtica desnudez del emperador. Digo emperador, porque había un punto de corte real en la escenografía: su prepotencia al gobernar, los tics monclovitas que había traído de Madrid, el lacayismo de los que buscaban enriquecerse arrimándose al Govern, etc. Todo estalló, porque rara vez la ficción destruye a la realidad. Ahora resulta fácil hacer leña del árbol caído y supongo que la historia, cuando lo juzgue, será inclemente con él. Pero no creo que lo sea menos con nosotros. Una de las lecciones que podemos extraer es que la clase política se distingue muy poco de la sociedad en la que se mueve. Si Matas fue un paladín de la corrupción y de los caprichos del nouveau riche es porque nosotros mismos no estamos tan lejos de aprobar esa forma de vida. En ese destino que es la vida civilizada, sospecho que la época de Matas confirma el peso de una tradición cultural y política —la nuestra— definida casi secularmente por el cinismo y el miedo.

    En apenas unos días se va a iniciar el segundo capítulo del programa de recortes del gobierno Rajoy. Obligado por Europa, será, sin duda, el más profundo     realizado hasta ahora. Ángel Laborda, director de la Oficina de Coyuntura y Estadística de FUNCAS, ha cifrado la reducción en 55.000 millones de euros. Para Luis Garicano y Jesús Fernández-Villaverde, de Fedea, hablaríamos de una cantidad superior, quizás 64.000 ó 65.000 millones de euros. Se trata de magnitudes inalcanzables, ni siquiera en un contexto económico expansivo, como no es el caso. Las consecuencias son conocidas: más impuestos, más paro y una arquitectura de la equidad social profundamente debilitada. No hablamos de la grasa, ni de los excesos que circundan la Administración pública         —que son muchos—, sino de la pobreza y de la creciente proletarización a la que se enfrenta nuestro país. En esta encrucijada, algunas tentaciones pueden llegar a ser peligrosas. Un ejemplo: si el pueblo ha cedido parte de su soberanía para garantizar unos mínimos de equilibro y justicia social, ¿qué sucede cuando el Estado se declara incapaz de asumirlos? De hecho, si no es posible sostener una sanidad o una educación públicas de calidad, un programa generoso de becas o unas rentas mínimas para los desempleados, ¿para qué pagar impuestos? ¿Y con qué legitimidad moral se exigen los sacrificios? Hasta ahora, la solución de los gobernantes ha sido ganar tiempo, a la espera de que algún shock externo haga girar el viento a nuestro favor. Una vez más, se trata de una estratagema que rehúye los graves problemas de fondo. El mayor especialista mundial en ciclos económicos, Kenneth Rogoff, sitúa en 2018 el hipotético final del marasmo financiero. Entre nosotros, un analista tan perspicaz como Juan Ignacio Crespo considera inevitable una doble recesión en estos próximos cinco años. De ser así, la historia hablará de una generación perdida y de un Estado del Bienestar anoréxico. Y las consecuencias se pagarán durante mucho, mucho tiempo.

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook