Blog 
Las cuentas de la vida
RSS - Blog de Daniel Capó

El autor

Blog Las cuentas de la vida - Daniel Capó

Daniel Capó


Archivo

  • 26
    Junio
    2013

    Comenta

    Comparte

    Twitea

    El caso Palamós

    Donde se reflexiona sobre los límites del conocimiento de la historia a raíz de la difícil autentificación del claustro románico de Palamós

    Las polémicas empiezan y se abandonan, pero no se dan por concluidas. Regresa el misterio del claustro románico de Palamós, con peripecias dignas de una novela de Umberto Eco. Tras su descubrimiento, gracias a un reportaje fotográfico en la revista AD que levantó las sospechas del profesor Gerardo Boto, los falsos finales se han ido sucediendo año a año. ¿Se trata de una fascinante reliquia del románico castellano o del montaje pergeñado por unos anticuarios? ¿Combina elementos reales con otros ficticios? De ser auténtico, ¿cuál es su procedencia? ¿La bella catedral vieja de Salamanca, como propone el profesor Broto? ¿Qué tuvo que ver el terrible terremoto de Lisboa de 1755 con el desmontaje del claustro? ¿Y por qué la Generalitat de Cataluña decidió no proteger la pieza, catalogándola como “conjunto moderno”, a pesar de las dudas razonables que había? ¿Primaron otros intereses?, ¿cuáles? No lo sabemos con certeza, aunque cabe sospechar que la irresponsabilidad chapucera algo ha tenido que ver en el diktat inicial de los políticos. La irresponsabilidad, quiero decir, como modo habitual de relacionarse con el mundo.

    La polémica, en todo caso, ilustra lo intrincado del conocimiento histórico. En el siglo XIX, Lord Acton sostuvo que algún día se podría escribir la crónica definitiva de cualquier acontecimiento del pasado, ya fuera la batalla de Waterloo, Trafalgar, Lepanto o las Termópilas. El Cardenal Newman respondió en seguida que quizá Lord Acton estuviera exigiendo a la Historia más de lo que ésta pueda dar de sí. Hay que reconocer que incluso lo más sencillo – objetivar los hechos concretos – reviste un carácter hipotético. Por ejemplo, no hace mucho tiempo leímos la noticia de que el famoso óleo El coloso se había caído del listado original de lienzos firmados por Goya. No es la primera ni la última vez que asistimos a un debate similar. El Padre Antonio Soler compuso uno de los más prodigiosos fandangos de la historia de la música, pero no faltan musicólogos que ponen en cuestión su autoría. A mediados de los ochenta —creo recordar que en Canarias— apareció otro bellísimo fandango para clavecín, esta vez atribuido a Domenico Scarlatti, cuya legitimidad queda ahora entre los titubeos y la desconfianza. El quadern gris de Pla ha sido objeto de una reciente labor de depuración que sin duda habrá mejorado el original. O eso queremos creer. Como sucedió con el Quijote en la edición de Rico, en 1998. Por el lado del disparate, algunos aventuran que Cervantes fue catalán y Cristóbal Colón, mallorquín (o gallego). Christian Duverger —desde luego, no un cualquiera— sostiene en su Crónica de la eternidad que La historia verdadera de la conquista de la Nueva España la redactó Hernán Cortés y no Bernal Díaz del Castillo. El claustro de Palamós forma parte de esa retahíla de misterios que nutren el ayer, acrecentando su fascinación.

    Todo ello nos debe hacer sospechar de la Historia objetiva como una especie de quimera decimonónica. Al igual que el presente, el conocimiento del pasado se rescribe de continuo buscando, según sean los intereses o la ideología, destensar —o no— los cordajes de la mentira. Por supuesto, no reivindico la lectura subjetiva sino los límites de la objetividad. Cuando incluso dictaminar la procedencia de un claustro o la autenticidad de un documento o de una pieza de arte resulta tan difícil, ¿cómo podemos profesar una narrativa histórica única y excluyente? ¿Quién puso en marcha la I Guerra Mundial? ¿Fue Alemania?, ¿Rusia?, ¿o la peligrosa danza de las potencias europeas que actuaban como funambulistas, como ha defendido recientemente el profesor Christopher Clark? El franquismo ¿fue una excrescencia del fascismo, una variante del tradicionalismo español, un régimen autoritario o un poco de todo? ¿Cabe organizar un simposio bajo el título “España contra Cataluña: una mirada histórica (1714 – 2014)”? Y viceversa, ¿hay que creer que la Hispania romana equivale a la España moderna? En Historia, las certezas son a menudo osadas, ya que los siglos transcurren con lentitud, las pruebas y los hechos se distorsionan y las mentalidades cambian. Pero, por si había dudas, el caso Palamós nos recuerda la doble exigencia de la humildad y del rigor. O lo que es lo mismo: la sensatez y la prudencia.

     

    Denunciar
    Compartir en Twitter
    Compartir en Facebook