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Daniel Capó


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  • 07
    Noviembre
    2012

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    Como una maldición

    ¿Qué institución política, económica o social no fue conculcada en tiempos de Matas? En todo caso, muy pocos intuyeron la auténtica magnitud de la corrupción. Quiero decir que las cosas se sabían y no se sabían, se vivían y se aceptaban, pero no hasta ese grado de proliferación monstruosa que todo lo destruye.

    Cuando en el futuro, dentro de un siglo o dos, algún historiador quiera escribir la crónica de lo que aconteció en nuestra época, se preguntará —asombrado— cómo no supimos preverlo con suficiente antelación. Si fuéramos honestos con él, convendríamos en que se intuían los nubarrones en el horizonte, aunque muy pocos lograron percibir la naturaleza de los cambios que nos esperaban. ¿Quién hubiera sido capaz de concebir lo que resultaba impensable? El debilitamiento de la Corona, el despertar secesionista catalán, el paro de  brueghellargo alcance, el estallido de la megaburbuja, el cuestionamiento de las autonomías, los ERE en la Administración Pública, el asalto a los derechos sociales de los trabajadores, el hundimiento del PSOE, la intervención de los bancos, la marcha de los jóvenes al extranjero… No es que los síntomas previos fueran tranquilizadores: la economía española perdía competitividad a marchas forzadas, las redes clientelares se extendían en la política, el boom inmobiliario nos seducía con el timo de una inversión sin riesgo. La astucia y la sinvergonzonería sustituyeron a la inteligencia y al trabajo bien hecho. Cualquier chapuzas cobraba la hora de trabajo a precio de ingeniero. Se amañaban los concursos públicos y se limitaba la competencia. Por supuesto el dinero lo cubría todo, como un aceite lubrificante de las relaciones sociales. La punta del iceberg aparecía de vez en cuando en medio de esas aguas revueltas: cerraban algunas industrias, el I+D no dejaba de ser un espejismo y la calidad educativa una pantomima. Pero en plena Semana Grande, nadie hacía mucho caso de los malos augurios. Y además, teníamos motivos para obviarlas: el Estado nos vendía su sobriedad fiscal, el bienestar aumentaba, el pago de las pensiones era generoso, la sanidad pública ejemplar, circulaban los trenes de alta velocidad, las multinacionales del BOE adquirían los activos de medio Londres, la legislación autonómica protegía a la pequeña y mediana empresa, la bolsa subía y, lo que es más importante, los pisos multiplicaban su valor con una rapidez vertiginosa. Como ocurre en las viejas maldiciones de la Biblia, el dinero nos cegó y esa fue la causa de nuestra ruina. O dicho de otro modo: el destino se nutre de la codicia humana cuando ésta sobrepasa sus fronteras naturales: el sentido común y el respeto por la dignidad de los demás. Quizás esto sirva de advertencia para ese hipotético historiador del futuro: ninguna época – tampoco la suya -escapa a la locura.

    Esta semana, Mallorca se lee en clave de Over. Mabel Cabrer, Aina Castillo, Pere Rotger o el todopoderoso Rodríguez son algunos de los nombres que suenan en la trama de financiación ilegal. La pregunta que surge de inmediato es la siguiente: ¿qué institución política, económica o social no fue conculcada en tiempos de Matas? Y, por otro lado, ¿cabe pensar que Matas fue una especie de hiato en la historia de estas islas, el episodio de un president, ambicioso y arribista, desgajado del contexto de una cultura particular? En todo caso – regresamos al punto de inicio -, muy pocos intuyeron la auténtica magnitud de la corrupción. Quiero decir que las cosas se sabían y no se sabían, se vivían y se aceptaban, pero no hasta ese grado de proliferación monstruosa. Supongo que sencillamente no quisimos verlo del todo, porque ya nos iba bien así: el dinero fluía, se labraban fortunas, el clientelismo se aferraba al viejo caciquismo local con su trato de favor. Los espejismos resultan agradables, mientras la inmundicia no reviente las alcantarillas. Casi por tradición, Mallorca es una isla que se aferra a un pasado de rasgos fatalistas. Y eso también cabe interpretarlo como una maldición.
     

     

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