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Blog La montaña rusa - Javier Durán

Javier Durán

Es redactor jefe de LA PROVINCIA/DLP. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y estudios de Ciencias Políticas por la UNED, además de tener un máster sobre comunicación por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).

Sobre este blog de

Solemne no es lo mismo que serio; ceremonioso es diferente a protocolario; aburrido es lo contrario de explosivo; triste tiene que ver con pesadumbre; precoz es ser un adelantado... ¿Podemos estar un día, a una hora, en semejantes cambios de tono de la agobiante realidad? Vamos a intentarlo.


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  • 12
    Diciembre
    2012

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    La atracción por el mal

    Ya Laurent Binet certifica en su magnífico libro HHhH sobre el jefe de la Gestapo Reinhard Heydrich, la Bestia rubia o el Carnicero de Praga, que ni la educación exquisita de unos padres ni los mejores vapores culturales de un Stradivarius son garantía alguna para no dejarse arrastrar por la atracción del mal y acabar siendo un militante enfebrecido de sus miserias. Berlusconi va a volverse a presentar a las elecciones en Italia y nadie pone la mano en el fuego para espantar con certeza absoluta la posibilidad de que su corrupción vuelva a trotar por la bota de Europa.  Frente al pragmatismo de Mario Monti, un mirlo blanco para el cinturón de seguridad de la troika europea,  está el populismo  de II Cavaliere y el cansancio de los italianos ante unas recetas económicas cuyos frutos, anuncian, se vislumbrarán a muy largo plazo. La incapacidad de los tecnócratas para poner un punto y final, o una fecha para la cosecha ante tanto sacrificio, enciende varias antorchas: desde la beligerancia (ya callejera, como en Grecia) de los grupos neonazis, con un peso institucional cada vez mayor, a los nacionalismos insolidarios (negados a la redistribución de los impuestos), pasando por la extensión de mafias que provocan grandes quebrantos a las economías de los estados y que erigen potentes imperios en el contexto de crisis general.

         Hay resultados de citas electorales dispuestos a demostrar, y así se ha comprobado, que la imputación judicial de un candidato no ha sido óbice para que logre una nueva y apabullante victoria electoral, incluso que dicha aceptación general le sirva para enfatizar en voz alta, en una plaza pública, sobre la comodidad moral que le ha procurado el plebiscito a su persona. Los votantes no rechazan su repentina riqueza, los beneficios que obtiene el clan que lo rodea, el agujero de su hacienda pública o el clientelismo que ha creado a su alrededor. Hasta ahora ha sido así, ¿pero qué va a suceder en una coyuntura de fortalecimiento de la crisis, de estacionamiento de la precariedad? ¿Realmente esa reflexión inquisidora sobre pasados desafueros políticos, de condena contra el dinero público dilapidado, se va a traducir en una nueva moral social y en un elemento modulador para castigar el oportunismo político o una acción de gobierno basada en las corruptelas? Será así, o más bien empieza a aumentar el clima de sálvese quien pueda.

    En el seno y coseno de  la apoplejía  intelectual que nos invade, el filósofo Gianni Vattimo retorna en su último libro (Comunismo hermenéutico, de Heidegger a Marx) a la bondad del orden comunista frente a las inconcebibles estrategias del sistema democrático. Quizás el procreador del pensamiento débil venga a sugerir que la libertad y la privacidad serán bienes humanos anecdóticos, pueriles, cuando todos vivan  igual y tengan acceso a las mismas condiciones de bienestar. Podría ser esta teoría del italiano un signo más de la desesperación, cubierto por la necesidad de dar un aldabonazo espectacular entre el secano y la impotencia del pensamiento del XXI. Vender el comunismo a estas alturas, entiendo yo, es volver a San Petersburgo y ponerle un éxtasis en la boca a Rasputin. De vuelta a la solemnidad, y en la cacerola de la atracción por el mal, resucitar a Lenin (más allá de la época, de la biografía, de la Historia...) es un disparate, pero una vez más nadie está vacunado frente a las contorsiones de la serpiente. ¿No debatimos como los alucinados Ginsberg y Kerouac si de la identidad del portal de Belén forman parte el buey y la mula? ¿No tiene EE UU que salir a la red y aclarar que el fin del mundo no se nos viene encima el próximo día 21? Ante ello, una vez más, decir que hay entretenimiento, que aún estamos capacitados para acostarnos bajo una higuera y dejar que el olor nos envuelva y entrar en un sueño infinito.

    Gao Ping no es aquel Kung-fu de David Carradine, pero ahora es un estereotipo exitoso de presunto delincuente que ha sido excarcelado gracias a las artes jurídicas (y no marciales). En este largo tiempo de la crisis, como decía antes, no todos resisten, y no falta el que siendo antes banquero se pasa al lado contrario, como decía en una llamada de teléfono la mujer israelita, empleada del chino, en una conversación intervenida por la policía. La trama para blanquear dinero tiene entre sus implicados, al parecer, importantes personajes (o personalidades) de la sociedad española a los que les trae al pairo el interés general y que están imbuidos por la templanza que les procura el sálvese quien pueda. Magisterio, por otra parte, que devalúa la valoración negativa de la corrupción por la sociedad, ya no solo en un momento puntual ante las urnas, sino también como referencia para la adecuación de los comportamientos sociales  frente a la nueva situación. La presunta obstrucción a la Justicia de Díaz Ferrán con su alzamiento de bienes y el vacío de las cajas fuertes de sus empresas podría ser la picada de un mosquito, si cabe la comparación, frente a un fenómeno extenso de transgresión fiscal de amplias capas de la población que salen todas las mañanas a la calle a buscarse la vida. Las consecuencias del final del subsidio del paro más una política de recortes sociales son la levadura para un fenómeno complejo de digerir: en primer lugar, cómo afrontar desde la ética personal la picaresca de millones de personas necesitadas que tienen como única salida sobrevivir en la adversidad (y dejemos a un lado los delitos contra la propiedad y la salud pública), y en segundo lugar, cómo explicarles la falta de proporción entre sus castigos y los que reciben peces gordos que disponen de una defensa judicial que pone al Estado, a los mismos jueces y a la policía contra la espada y la pared.

    El sistema de contrapesos del aparato estatal debe tener en cuenta el grado cero en que se encuentra España, y no debe ser equidistante a la situación que atraviesan los hombres y mujeres en paro. Una aplicación abstracta de la ley, sin tener en cuenta la realidad, puede provocar fenómenos donde la atracción por el verdadero mal (y no por el simple impago de una multa o de la cuota de una hipoteca) volvería a reverdecer. La crisis se hace larga y el agobio por encontrar soluciones rápidas suele llevar a masas enteras a callejones sin salida.       

     

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