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La montaña rusa
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Blog La montaña rusa - Javier Durán

Javier Durán

Es redactor jefe de LA PROVINCIA/DLP. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Complutense de Madrid y estudios de Ciencias Políticas por la UNED, además de tener un máster sobre comunicación por la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC).

Sobre este blog de

Solemne no es lo mismo que serio; ceremonioso es diferente a protocolario; aburrido es lo contrario de explosivo; triste tiene que ver con pesadumbre; precoz es ser un adelantado... ¿Podemos estar un día, a una hora, en semejantes cambios de tono de la agobiante realidad? Vamos a intentarlo.


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  • 12
    Noviembre
    2011

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    A la luz que puede iluminar el túnel le falta concreción. Las salidas que se ofrecen para salir de la crisis huyen de lo fundamental. Ya no es sólo que exista un ocultismo, sino que hay una dificultad tremenda para comunicar una o dos medidas para mitigarla. Un recorte de un 5 por ciento a los funcionarios es un tijeretazo concreto, igual que un 65 a las inversiones en cultura en Canarias.

    El INE acaba de anunciar que España creció un 0,0 en vez de decir que no aumentó un centímetro, que no se movió una paja, que no crecimos absolutamente nada. El electorado asiste incompetente a esta sequía de ideas, que podría tener su origen en lo que Sami Naïr etiqueta como analfabetismo político. Rubalcaba dijo ayer que en caso de gobernar prohibiría el pago en efectivo de facturas superiores a los 3.000 euros. Es una medida concreta.

    No hay nada mejor para hacer un paralelismo sobre nuestra angustia que una casa de familia: o se gasta lo mismo que entra, o se vive con deudas y préstamos. La quiebra llegaría cuando los bancos, los amigos o las tarjetas nos cerrasen el grifo. Los votantes, por tanto, no quieren vaselina, sino concreción sobre cómo se van a llenar las arcas públicas y cómo van a encontrar trabajo sus hijos y sus nietos.

    Esta campaña aterriza sobre una sociedad derrotada, desbordada por el pavor al crack de la pequeña empresa, o a la pérdida de sus garantías sociales. Aquí sobran las frases hechas. Hasta la misma publicidad de los partidos parece una frivolidad frente a la desmoralización que atraviesa a la sociedad española. La coyuntura de un país con su negocio muerto debería ser motivo suficiente para que los candidatos no escamotearan la pedagogía frente al 0,0, y que por un momento dejasen a un lado el feliz acontecimiento de obtener el máximo posible de votos. Ya sé que es como pedir a Tomás Moro la antiutopía,  pero el miedo lo requiere.
     

     

     

     

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