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José Antonio Martínez Perallón

Fan incondicional de todas (o casi todas) las expresiones de cultura popular y conocedor de numerosos datos que queda bien repetir, aunque puede que no valgan para nada.

Sobre este blog de TV

Una mirada a las series por las que debes dejarte atrapar y de las que debes evitar.


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  • 15
    Enero
    2016

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    ¿Por qué todo el mundo quiere ir a Milagro?

    ¿Por qué todo el mundo quiere ir a Milagro?Colas de centenares de vehículos se dirigen al Parque Nacional de Milagro. La avalancha de personas que busca establecerse allí es tal que las autoridades han tenido que poner vallas e imponer serios controles de acceso. Alrededor de las alambradas se han formado campamentos en los que la gente vive en sus caravanas esperando el acceso a la Tierra Prometida cuyas puertas abre una pulsera que se les entrega a todos sus residentes. Éste ha sido el punto de partida de la segunda temporada de The Leftovers, una serie que para la crítica se ha ganado el puesto de mejor serie del año, después de que muchos la ningunearan el año pasado. Los fans de la serie recordarán que todo empezó el día que el 2% de la población mundial se desvaneció en el aire sin que nadie supiera explicar el por qué. The Leftovers no buscaba ofrecer respuestas a la desaparición, sino explorar en el estado emocional de los que se quedaron. Para la segunda temporada la acción se traslada al Parque Nacional de Milagro, la Tierra Prometida porque es el único lugar del mundo donde no desapareció nadie aquel fatídico 14 de octubre. En torno a sus muros se levanta el aparentemente apacible pueblo de Jarden, el lugar, donde ante la incertidumbre de no saber por qué se volatilizaron 140 millones de personas, uno puede tener la certeza de que no le pasará nada y tanto él como sus seres queridos están a salvo.

    El gran reto de la segunda temporada de The Leftovers era seguir avanzando en la historia, ya que el libro de Tom Perrota en el que se basa la serie ya quedó contado en la primera. Esto no es como Juego de Tronos, donde había cinco voluminosos tomos para adaptar. Aquí ya no había nada más. Era renovarse o morir y, de esta manera, Damon Lindelof (el creador de la serie) ha dado la vuelta a la historia para ofrecernos algo totalmente nuevo. Durante la primera media hora del primer episodio el espectador queda totalmente estupefacto. "Ésta no es mi serie, me la han cambiado". Los títulos de crédito son diferentes, tenemos personajes totalmente nuevos a los que no habíamos visto antes y, cuando ya estamos pensando que esta serie se ha convertido en otra American Horror Story u otra True Detective poco a poco vemos ir apareciendo a aquellos personajes que tanto nos hicieron sufrir en la primera temporada. La familia Garvey al completo acabará mudándose a esta "tierra mágica". Si echas de menos a algún personaje, no te preocupes. Episodio tras episodio van apareciendo todos. Cada uno tiene su propio momento de gloria, justo en el instante en que te preguntabas por qué habían mantenido al actor en los títulos de crédito esta temporada y si se habría convertido en Mark Hamill en El Despertar de la Fuerza.

    The Leftovers es una serie de gente que sufre y lo hace por su incapacidad para entender algo inexplicable. Los protagonistas siguen buscando respuestas a sus preguntas, pero nada avala las respuestas que intentan darse. Unos buscan teorías científicas, otros lo abordan desde un prisma teológico y algunos se apuntan a las manoseadas teorías de la conspiración, pero todo parece indicar que nunca sabremos cuál fue el motivo de las desapariciones. Mientras que la primera temporada parecía una metáfora del 11S, la segunda podria serlo de esos centenares de refugiados que huyen de Siria y otros países árabes en busca de la Tierra Prometida.  

    Los protagonistas se trasladan de Mapleton a Jarden en busca de un milagro, pero la duda aterradora que surge nada más poner el pie en su nuevo destino es ¿y si éste es un sitio como otro cualquiera? Una duda que se hace más evidente al final del primer episodio cuando desaparecen tres adolescentes mientras se bañaban, junto con el lago y todo. Los habitantes del pueblo están tan desesperados por creer en las bondades de su hogar que están dispuestos a abrazar cualquier explicación antes que admitir que puede que las desapariciones hayan llegado también a ese rincón del planeta. Lo cierto es que nada es lo que parece e incluso el territorio de Milagro y sus habitantes tienen sus propios secretos. Entre todos ellos, empezando por el cordial vecino de los Garvey, John Murphy, que durante las noches mantiene una particular cruzada contra curanderos, místicos y cualquier forma de superchería. Pega fuego a las casas de los charlatanes, les propina palizas y les echa del pueblo. Murphy y los secuaces que le acompañan están dispuestos a velar por que no haya milagros en Milagro y la historia de sus traumas es uno de los cabos sueltos que se han quedado por contar esta temporada. A lo largo de estos diez nuevos episodios, el protagonismo ha ido saltando de un personaje a otro, dejando a algunos en las situaciones más peliagudas al final del episodio. Cuando el espectador volvía a la semana siguiente, se encontraba con que el capítulo iba dedicado a otro personaje. Y así hemos estado toda la temporada, con el corazón en un puño, hasta que en el último episodio han confluido todas las tramas.

    Justin Therroux, como el atormentado exjefe de Policía Ron Garvey, sigue siendo la estrella indiscutible de esta serie, aunque el reverendo interpretado por Cristopher Eclecson sigue brillando con luz propia y el quinto episodio, que está dedicado a su personaje, es uno de los mejores de esta temporada. Por el contrario, Nora, el personaje que interpreta Carrie Coon, ha sido uno de los menos interesantes, pese a ser una de las grandes revelaciones de la primera temporada.

    A pesar de haber sido aclamada por la crítica como una de las grandes series de la televisión, parece que The Leftovers es una serie de postureo. Muchos se deshacen en elogios al hablar de ella, pero en realidad pocos la ven. Su audiencia ha sido más bien discreta y HBO ha decidido renovarla para una tercera temporada pero que será la última. Será el momento en que Damon Lindelof pueda cerrar todas sus tramas y decidir si nos da alguna explicación sobre los motivos de la marcha repentina. De momento ya se ha quitado la espinita de los palos que le dio la crítica por el final de Lost. En la serie de los náufragos perdidos en una misteriosa isla del Pacífico, vimos cómo al final (¿hace falta decir que vienen spoilers?) Jack, un hombre que ha basado su vida en la ciencia, acababa dando su vida por defender una idea mística, que es lo que la isla simboliza. Esto era ni más menos que el final de Lost, mientras algunos se rasgaban las vestiduras por que pensaban que se les tenía que explicar si la isla era producto de algún dios egipcio o babilonio o, simplemente, era obra de los extraterrestres. En Leftovers, seguro que tampoco veremos la causa de las desapariciones porque lo que se nos está contando es otra cosa. Leftovers es poesía del sufrimiento y eso no es plato del gusto de todos.

     

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