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¿Hay vida en Marte?
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Blog ¿Hay vida en Marte? - Jorge Fauró

Jorge Fauró

Jorge Fauró nació en Madrid en 1966. Es periodista. Subdirector de INFORMACIÓN

Sobre este blog de Cultura

Acordes y desacuerdos y otros cantos de sirena.



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  • 30
    Septiembre
    2015

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    Ya no quedan James Dean

     

    Ya no quedan James Dean

     

    Todos queríamos ser James Dean. Daba igual la edad que tuviéramos. En aquella televisión del postfranquismo en la que solo contábamos con la primera cadena y el UHF en hermoso blanco y negro (el technicolor era cosa de la clase pudiente), deseábamos convertirnos algún día en Jim Stark, el personaje que este actor del Método construyó para esa joya de 1955 dirigida por Nicholas Ray titulada Rebelde sin causa.

     

    Con solo tres películas (murió a los 24 años y ahora se cumplen 60 desde que falleció en accidente a bordo de su Porsche), James Dean se tornó rápidamente en un mito, como luego lo serían Marylin, Garbo, Brando. Tenía, como la rubia de América, todos los ingredientes para serlo: joven, atractivo, de su época, atormentado, grandísimo actor. Y ese aura de melancolía y desgracia que envuelve a las leyendas.

     

    En pantalla se comió a Rock Hudson, a Sal Mineo, a Raymond Massey y a Burl Yves. No pudimos verlo, pero habríamos dado un pedazo de nuestra inocencia de entonces por verle al lado de Marlon Brando en Salvaje, dos actores de la Academia de Lee Strasberg mano a mano.

     

    Dean, coetáneo de Elvis, fue el rocker por excelencia, el prototipo de joven norteamericano de los años 50 que enamoraba a aquella juventud de postguerra y cuyo mito se hizo más grande que su corta estatura. Si tuviéramos que poner en un álbum los rostros legendarios del siglo XX, de Marylin Monroe a Einstein sacando la lengua o Bruce Lee con su traje amarillo con bandas negras; Tony Manero bailando You should be dancing o Escarlata O'Hara poniendo a Dios por testigo, sin duda encontraríamos esa imagen de James Dean paseando bajo la lluvia por Nueva York con un cigarillo asomando por su boca. No puede haber más tristeza y más soledad en esa imagen Y más grandeza.

     

    Ya no quedan James Dean

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