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¿Hay vida en Marte?
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Blog ¿Hay vida en Marte? - Jorge Fauró

Jorge Fauró

Jorge Fauró nació en Madrid en 1966. Es periodista. Subdirector de INFORMACIÓN

Sobre este blog de Cultura

Acordes y desacuerdos y otros cantos de sirena.



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  • 27
    Agosto
    2012

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    Kakkmaddafakka, vestidos para matar

    He tenido el placer de dejarme caer este año por diferentes festivales: el BBK Live, el Arenal Sound, el SOS de Murcia y el Benidorm Low Cost Festival, además de varios conciertos programados de forma independiente al margen de eventos del tipo de los mencionados. Como en una relación causa/efecto, en cada show me vienen a la cabeza dos ideas de forma automática: si lo que estoy viendo vale de verdad el precio que he pagado y si determinados artistas tendrían hueco, de no ser por los festivales, en la programación de conciertos de instituciones públicas y promotores privados.

    Elijo una de las bandas que he podido ver en varias ocasiones este verano, los noruegos Kakkmaddafakka. No son los Stones, pero no me desagradan. Les vi de reojo en Benidorm y me senté a verlos con calma en Burriana. Que Nirvana fueran vestidos de leñadores era algo implícito al grunge, pero ponerte a ver a cinco descendientes de Edvard Munch vestidos como si fuera a recolectar uva a La Rioja no acabo de verlo (tampoco me cuadraría toparme con cuatro vendimiadores vestidos de Valentino en plena faena). No se trata de ir a ver la Paris Fashion Week, pero como dijo Bunbury una vez, el tipo que paga 35 euros por ver una actuación suelta la pasta por algo más que escuchar las canciones que ya conoce por el CD (Bunbury justificaba por qué estrenaba un traje rojo en cada show).

    Mal por Kakkmaddafakka. Y peor si se tiene en cuenta que la semana anterior acababa de ver a Citizens! en Benidorm, a Suede y a Placebo, que saltaron al escenario como la gente espera que lo hagan, o sea, con Brian Molko impecable, el bajista haciendo contorsionismo sin camiseta y a Steve Forrest con el mapa del tesoro dibujado en su cuerpo, por no citar a Brett Anderson. Quince días antes vi a los Cure en Bilbao, y mientras tocaban A forest no podía imaginarme a Robert Smith vestido a la manera de Kurt Cobain. Como consecuencia de todo lo dicho, resuelvo que hay bandas que por verlas en directo no merecen ni los tres euros que te clavan por la cerveza y bandas con las que amortizas sobradamente la entrada. Para cualquier otra cosa los escucha uno en el iPod.

    Está claro que los Cure se bastan solitos para llenar un aforo de 15.000 personas. Me dicen que para sacarlos de gira hay que hablar primero con los padres de Robert, por lo que se la debe sudar bastante lo de ir a festivales o actuar en solitario, siempre y cuando nadie les hurte sus tres horas programadas de actuación. Dudo que alguien hiciera cola desde las cinco de la madrugada para ver Kakkmaddafakka, pero para eso están los festivales.

    Los festivales se han convertido en tabla de salvación para muchas bandas tanto como tarjeta de presentación para otras. Confieso que en los últimos meses no he dejado de escuchar a Delorentos, Citizens! o Los Campesinos gracias a que los promotores del SOS Murcia, Low Cost y Arenal Sound los incluyeron en sus respectivos carteles. Nunca iría a un concierto de Anni B. Sweet, pero me encantó en Benidorm. Lo mismo puedo decir de Lori Meyers, a quienes no debe faltar festival por pisar. Ahora bien, dejaré de verlos si persisten en hacer el mismo show de hace tres años, vayan vestidos de Los Brincos o les preste la ropa Kakkmaddafakka.

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